Confesión ardiente: El polvo prohibido con mi amigo del pasado en la nieve

Dios, no has cambiado nada. O sí, estás mucho más bueno que hace trece años. Yo pensaba que el tiempo me habría marcado, las embarazos, pero nada. Tú me miras como antes, con esos ojos que me derriten. Trabajamos juntos en las prácticas finales. Tú acababas, yo empezaba. Fuimos amigos cercanos, ¿sabes? Ese tipo de amistad entre chico y chica que siempre acaba en algo más… o no.

Recuerdo esa fiesta grande en la ciudad. Yo toda chic, vestida como modelo, curvas perfectas. Tú, con el pelo revuelto, ropa ancha, brackets en la boca. Tus amigos borrachos se rieron, dijeron que no tenías chance conmigo. Me dolió por ti. Eras dulce, confidente, el típico ‘amigo zona’. Pero yo te deseaba en secreto. Tu risa, tu timidez… me ponía cachonda imaginarte encima de mí.

La chispa que encendió el fuego

Nos perdimos de vista tontamente. Vidas distintas. Hasta que te crucé de nuevo. Sorpresa total. Ahora eres un tío hecho y derecho, seguro, atractivo. Comimos juntos, hablamos de todo. Mi curro de mierda, mi matrimonio en crisis. Ese cabrón no me folla como merezco. Tú escuchas, y yo siento esa complicidad de siempre. Esa noche de nieve eterna… te escribí que odiaba el invierno, soñando con playa y bikini. Tú amas la nieve. Qué ironía.

La conferencia era un coñazo, pero mi salvación. Llegué tarde, estresada, sin parking. Tú me haces señas grandes, sonríes. Me siento a tu lado, puteo por el coche. Tú te mofas, yo te doy un puñetazo en el hombro. Risas contenidas, miradas del ponente. Como dos críos. Entonces empiezas con las cosquillas en mis costillas. ¡Joder! Salto, me río fuerte. Tú eres sensible ahí, lo noto. Te pica el vientre, gritas bajito. Tu mano roza mis muslos, sube a mi cadera, baja a la espalda. Calor de tu piel, aliento acelerado. Mi corazón late fuerte, olor a tu colonia mezclado con deseo.

Agarro tu mano, la pongo en mi muslo, aprieto. Te miro… ese mirada de ‘te quiero aquí’. Tú insistes, deslizas hacia adentro. Mi coño palpita ya. Susurro: ‘Para… me estás poniendo caliente’. Tus ojos se abren, tu polla dura contra el pantalón. ‘Tú a mí también’, dices. Suéltala, finges atención al alemán ese. Pero la tensión es brutal. Sudor en la nuca, pezones duros rozando la blusa. Razón al límite.

El clímax brutal y el adiós dulce

Aperitivo. Me cuelo al bar, te rozo el culo contra tu polla. Sonrío pícara, te tengo. Me sigues al pasillo. Beso salvaje, tus manos en mi cara. Alguien pasa, paramos riendo como tontos. Corremos por pasillos oscuros del museo, luces de emergencia bailando en tu silueta. Adrenalina, prohibido, excitante. Sala vacía. Cierro puerta. Te salto al cuello, beso profundo. Siento tus tetas… no, mis tetas contra tu pecho. Tu verga dura contra mi vientre. Aliento corto, calor subiendo.

Sala de clase, mesas, sillas. Te arrastro, te sientas en una. Besos fieros. Bajo tu cremallera, saco tu polla tiesa, venosa, goteando. La chupo ansiosa, lengua alrededor del glande, succiono profundo. ‘Joder, qué bueno…’, gimes. Agarras mi cabeza, no guías, solo aguantas. Huele a sexo, saliva chorreando. Me levanto: ‘Fóllame ya’. Bajo pantalón y braga, coño empapado, labios hinchados. Subo encima, agarro tu polla, froto contra mi clítoris. Calor húmedo, resbaladizo. Me hundo, tu verga llena mi coño apretado. ‘Ahhh…’, gimo. Cabalgo fiero, tetas botando, uñas en tus hombros. Tú intentas frenar: ‘Despacio…’. No, acelero, labios en tu cuello, lamiendo sudor salado. Tus caderas suben, polla hinchándose más. ‘No aguanto…’, dices. Explota dentro, leche caliente inundándome, grito ahogado. Crispas manos en mis caderas, temblando.

Segundos eternos. Abres ojos, sonríes cómplice. Muevo lento, ordeñando restos. Me bajo, coño goteando tu semen. Vergüenza tuya, placer mío. Nos vestimos rápido, silencio cargado. Salimos, frío invernal nos azota. En la calle, beso en mejilla: ‘Gracias, guapo. Hay que repetirlo’. Sonrisa coqueta, te dejo con el recuerdo quemando. Fatiga dulce, coño palpitando aún. Ese polvo… inolvidable.

Leave a Comment