Estaba en Nîmes por la feria, agotada pero con el cuerpo a mil. Mi padre me había liado con esa francesa en el bar del hotel de lujo. Yo acababa de llegar, con mi traje de torera guardado, pidiendo un coñac. Ella, Suzy, con esa bata larga que se le pegaba al cuerpo, sin nada debajo… Dios, sus pezones duros se marcaban. Nuestros ojos se cruzaron, azules contra los míos oscuros. ‘Hola, soy Lola’, le dije con mi acento andaluz. Fumamos, nos miramos las tetas, el culo. Ella se rió, ‘Eres preciosa, ¿vienes a la corrida mañana?’. Mi piel ardía, su perfume dulce me volvía loca. Subimos al ascensor, pegadas, pechos rozándose. La besé, lenguas calientes, mano en su espalda suave… pero me paré. ‘Mañana, suerte’, le susurré. Me metí en mi cuarto, coño palpitando, me toqué pensando en su boca.
Al día siguiente, en la plaza, la vi allí con su padre, cerca de las barreras. Le dediqué el toro, le tiré mi montera. ‘¡Suerte!’, gritó ella. Maté al bicho, sangrando, la arena pegada a la piel sudada. La multitud me llevó en hombros hasta el hotel. Ella corrió detrás, jadeando. En el ascensor, nos abrazamos, llorando. ‘Lola… tenías miedo por mí’, sollozó. Sus labios en mi cuello, olor a sudor y sangre. La llevé a mi habitación, le arranqué la camiseta. Sus tetas firmes, pezones rosados. Me quitó el traje, torpe, riendo nerviosa. ‘Tu piel… huele a bestia, a ti’, murmuró. Nos tumbamos, desnudas menos mis medias rosas. Sus manos en mis cicatrices, besos en el vientre. Olía a corrida, a mi coño excitado.
La chispa en el bar y la tensión que me quema
La devoré. Boca en su cuello, orejas, bajé a sus axilas sudadas, pelo negro mojado, salado. ‘¡Sí, lame ahí!’, gimió. Le arranqué el tanga, su coño rapado brillaba. Lengua en su clítoris, chupando fuerte. ‘¡Joder, Lola!’. Metí dos dedos en su chocho apretado, húmedo, caliente. Ella me abrió las piernas, hurgó mi mata negra. ‘Tu coño huele tan fuerte…’. Lamía mis labios, mordía el clítoris. Nuestras lenguas en sincronía, dedos entrando y saliendo. ‘¡Métemela más profundo!’, jadeé. Le comí el culo, lengua en el agujerito prieto. Ella me folló el ano con un dedo, luego dos. Sudor por todos lados, tetas frotándose. ‘¡Voy a correrme!’, gritó. Yo también, espasmos, coño contrayéndose, chorros de jugo en su boca. Orgasmos juntos, brutales, gimiendo como animales.
Después, en la ducha, la puse de rodillas. Agua chorreando en mi pubis peludo. ‘Bebe mi coño’, le ordené. Abrió mis labios, lengua dentro, saboreando mi miel. Tres dedos en su chocho, otros dos en el culo. ‘¡Sí, fóllame así! ¡Más!’, aulló, empalándose. Se corrió temblando, piernas flojas. Nos secamos a medias, caímos en la cama exhaustas. Su cabeza en mi pecho, respirando mi olor. ‘Nunca olvidaré esto, Lola’. Yo sonreí, acariciando su coño liso. Se durmió, yo me fui al amanecer, dejando mi montera. Aún siento su lengua, su calor… qué noche, puta madre.