Este verano, recién casada con mi marido, nos fuimos a una playa nudista cerca de la costa francesa. Sol de julio quemando la piel, nos quitamos todo para broncearnos parejo. Días de relax, caricias suaves bajo el cielo azul. El último día, domingo, la playa estaba llena: gente de todos lados, cuerpos al aire, sin vergüenzas. Nos tumbamos, yo acariciando la polla de mi chico, él mis tetas.
De repente, dos chicas guapísimas, como de veinte años, ponen su toalla al lado. Rubias, piel blanquísima, hablando un idioma raro, noruego quizás. Una menuda, Henna de Oslo, y la otra, Vilde de Bergen, alta y musculosa como una diosa vikinga. Pechos pequeños y duros, pezones marrones diminutos, coños depilados al cero. Se untaron crema mutuamente, abriendo piernas sin pudor, mostrando sus labios rosados, vírgenes a la vista. Nos pillaron mirándolas y sonrieron. Charlamos en francés torpe: venían de campings cercanos, acostumbradas a ir desnudas desde niñas.
La chispa que encendió el fuego
Mientras hablaban, Vilde metía dedos en el coño de Henna, que gemía bajito, mordiéndose el labio. Mi marido bandea duro viéndolas. Yo… uf, mi chochito chorreaba. ‘¿Quieres probar con ellas?’, me susurra él, tocándome la humedad en mis pelos. Dudo: ‘No sé… ¿Y si…?’ Henna oye: ‘¿Quieres unirte? Ven, tócanos’. El deseo me quema. La razón se va a la mierda. ‘Vale, joder, sí’. Sobre su toalla grande, empieza todo.
Vilde y Henna me tumbaron despacio. Manos suaves por mi piel bronceada, ‘Qué morena eres’, murmuran. Masaje con aceite, pies, bocas, lenguas por todo: cuello, axilas, tetas grandes y sensibles. Mis pezones se ponen como piedras, gimo fuerte. ‘¡Ay, qué tetas tan ricas!’, dice Vilde chupándomelos. Bajo lento: ombligo, monte de Venus. Ignoran mi clítoris primero, lamen labios largos, mordisquean. Henna me masajea pies, huele mi sudor femenino, frota mis deditos en su coño mojado. ‘Mmm, qué pies tan chiquititos’, suspira.
El clímax brutal y el éxtasis anal
Vilde ataca mi clítoris hinchado: lengua lenta, círculos, chupadas. Me corro como loca, arqueándome, sin voz, sudor por todos lados. Olor a sexo, sal del mar. Henna se pone un strap-on enorme, folla el culo de Vilde de rodillas: entra y sale, roseta abierta, Vilde grita ‘¡Más profundo!’. Limpia el jugo anal y me lo mete a mí. Piernas arriba, Vilde me abre, entro virgen por detrás. Duele al principio, luego placer brutal. Me corro anal por primera vez, Vilde en mi cara, su coño blanco en mi lengua, sabor dulce y salado.
Agotadas, bières frías, brindamos. Pisamos detrás de dunas, ellas en cuclillas, yo también, chorros calientes en la arena. Sus padres nos invitan a barbacoa, noche cae, fuego crepita. Vilde y Henna bailan desnudas, cuerpos felinos brillando, besos voraces, dedos en culos. Todo el mundo folla alrededor: un vikingo enorme empotra a su mujer en perrito, azotes, corrida en la espalda. Mi marido eyacula con mi mano y otra desconocida en sus huevos. Yo toco tetas de las noruegas, chupo pezoncitos duros.
Fatiga buena nos invade, cuerpos pegajosos de sudor y fluidos. Recuerdos queman: sus lenguas expertas, mi primer anal, olores intensos. Aún siento el cosquilleo, el calor en el culo. Correspondimos cartas años, pero ese día… joder, cambió todo. Mi coño palpita recordándolo.