Ay, chicas, no sé por dónde empezar. Fue hace unos años, en la uni, estudiando cine. Éramos cuatro: yo, Marta, la española cachonda del grupo, Arturo, Mateo y Slim. Encontramos una VHS antigua, ‘Las vecinas se follan’, un porno de los 80. Pensábamos analizarla para un trabajo, pero… uf, qué error.
Popcorn, cervezas, risas tontas. Slim sacó la polla primero, gorda y tiesa. Mateo lo imitó, riendo. ‘Venga, Arturo, no seas marica’. Y yo… bueno, yo me quité las bragas bajo la falda. Me tocaba el coño despacito, viendo a la actriz con su chochito peludo. Olía a sexo ya, ese aroma dulce y salado que me pone a mil.
La chispa que lo cambió todo
La escena: ella de rodillas, mamando una verga enorme. Sus labios rojos estirados, saliva chorreando. Nosotros nos reíamos, pero mi clítoris palpitaba. Arturo me miró, sus ojos fijos en mis tetas. Sentía su mirada quemándome la piel, el calor subiendo por mis muslos. ‘Joder, Marta, estás empapada’, murmuró. Intenté parar, pero mi mano no obedecía. La tensión… dios, era insoportable. El aire espeso, respiraciones cortas, pollas goteando precum.
De repente, la actriz en pantalla se gira, culazo perfecto, y… se parece a mí joven. Arturo jadea: ‘Marta… eso eres tú?’. Negué, pero el corazón me latía fuerte. La razón se fue al carajo. Me lancé sobre él, besándolo con lengua, mordiendo su labio. ‘Cállate y fóllame’, le dije. Los otros se unieron, manos por todas partes.
Arturo me tumbó en el sofá, polla dura como piedra contra mi coño. Entró de un empujón, ‘¡Aaaah!’, grité. Estaba tan mojada que chapoteaba. Me follaba fuerte, pellizcándome los pezones duros. ‘Tu coño es una puta gloria, Marta’. Slim se acercó, metiéndome su verga en la boca. La chupaba glotona, lengua en el glande, tragando saliva y precum salado. Olía a hombre, a sudor caliente.
Explosión de placer sin límites
Mateo por detrás, lamiéndome el culo. ‘Qué ano tan rico’, gemía. Me metió dos dedos, preparándome. Cambiamos: yo a cuatro patas, Arturo en mi coño, Slim en el culo. Doble penetración, joder… ardía, pero placer puro. ‘¡Más fuerte, cabrones!’. Mis tetas rebotaban, sudor goteando, el sofá crujiendo. Gritos, ‘¡Me corro! ¡Lléname de leche!’. Arturo eyaculó primero, caliente dentro de mí, chorros espesos. Slim siguió, llenándome el culo. Mateo en mi cara, leche caliente salpicando labios, mejillas.
Caímos exhaustos, cuerpos enredados, piel pegajosa de sudor y semen. Respiraba hondo, el olor a sexo impregnado en todo. ‘Ha sido… increíble’, susurré, riendo bajito. Arturo me besó el cuello: ‘Nunca olvidaré tu coño apretado’. Dormimos así, felices, con la VHS aún rodando escenas sucias.
Al día siguiente, piernas temblando, sonrisa tonta. Ese recuerdo me moja aún. La VHS fue el detonante, pero el deseo… ese siempre estuvo ahí, listo para explotar.