Confesión ardiente: Mi vecino y el satén que nos hizo perder el control

Cada mañana, al abrir los postigos, lo veía pasar con sus perros. Alto, fuerte, con esa mirada que me ponía la piel de gallina. Llevaba mi bata azul, esa que apenas tapaba mi camisón de satén con flores. Brillaba bajo el sol, suave, como un sueño húmedo. Él saludaba, yo respondía con una sonrisa pícara. … Read more