Confesión: La telecommanda que me volvió una puta desatada en el Ibis
La luz dorada del atardecer se colaba por las cortinas de organza en la 211 del Ibis. El king-size con sábanas de satén blanco, rosas rojas oliendo fuerte, champán fresco en cubo de plata. Me miré en el espejo, ajustando la tira de mi vestido negro Saint Laurent que se me había bajado del hombro. … Read more