Confesión: La verga gigante de Mario que me destrozó de placer

Dios, no sé por dónde empezar. Acababa de escapar del yate de mi tío Ernesto en Belizera, con Jennifer, mi amiga inseparable. Nuestras pieles quemadas por el sol, los cuerpos marcados por meses de infierno. Llegamos al Salvera, desnudas, robamos ropa de los muertos del barco. Hambrientas, exhaustas, encontramos una cabaña. Un viejo nos dio … Read more