Ay, chicas, no sé ni por dónde empezar. Acabo de vivirlo, ¿sabéis? Estaba en el bar del hotel, con amigos, tomando unos gin-tonics. La noche era perfecta, cálida, con esa brisa que te roza la piel. Y de repente, lo vi. Alto, con esa mirada perdida, pero intensa. Pelo revuelto, camisa ajustada marcando pecho. Nuestros ojos se cruzaron. Él al fondo de la mesa, yo en la mía. Un gesto con la cabeza, un medio sonrisa. Mi coño se humedeció al instante. ¿Por qué? No sé, pero supe que pasaría algo.
No hablamos mucho. Se levantó, me siguió al salir. Caminamos en silencio por la noche, el corazón latiéndome fuerte. Llegamos a mi piso, luces tenues, olor a jazmín. Cerré la puerta y… bum. Sus manos en mi cintura, mi boca en la suya. Lenguas enredadas, saliva caliente, su aliento a alcohol y deseo. Le arranqué la camisa, piel ardiente bajo mis dedos. Él me bajó las bragas, string blanco contra mi piel morena. Mi clítoris palpitaba. ‘Fóllame ya’, gemí. La razón se fue a la mierda.
La chispa que encendió el fuego
Me tiró en el sofá, piernas abiertas. Su polla dura, gorda, venosa, apuntándome. Entró de un empujón, sin condón, crudo. ‘¡Joder!’, grité. Su coño… no, su polla me llenaba, estirándome. Ritmo bestial, sudor goteando, tetas rebotando. Olor a sexo, a coño mojado. Me agarró las nalgas, me dio la vuelta. Lengüetazo en el culo, saliva chorreando. ‘¿Te gusta?’, murmuró. ‘Sí, lame mi ano, cabrón’. Su lengua dentro, caliente, húmeda. Me corrí temblando, chorros en sus dedos.
Pero no paró. Se puso de rodillas, yo encima. Le chupé la polla, bolas en la boca, sabor salado. Él jadeaba, ‘Traga más’. Luego, lo monté, cabalgando salvaje. Pero quería más. Agarré aceite, le unté el culo. Dedo dentro, apretado, caliente. ‘¡Qué coño haces!’, gimió, pero empujó contra mí. Otro dedo, masajeando próstata. Se corrió en mi boca, leche espesa, canela y piña, la tragué y le besé, compartiendo.
La follada brutal sin límites
Horas después, ducha. Agua caliente, jabón resbalando. Lo llamé: ‘Ven aquí’. En la cama, desnuda, perfil curvilíneo. Él dudó, ‘¿Segura?’. ‘Ven, joder’. Masaje en su espalda, cicatrices ásperas. Manos bajando, nalgas firmes. Lengua en su culo, él gimiendo. Dedo dentro, lo follé analmente hasta que explotó sin tocarse la polla. Leche en las sábanas, cuerpo temblando.
Al amanecer, lo desperté follando. Lo até con mis piernas, polla profunda. Él me dominó, wrists atrapados, embestidas brutales. Me corrí gritando, él eyaculó en mi cara, caliente, pegajosa. Más noches: juguetes, strapon. Yo con el doble share, él chupándolo como loco. ‘Chúpame la polla’, le ordené. Lo hice, luego me folló el culo mientras yo le masturbaba el falso miembro. Gemidos, sudor, anos dilatados.
Ahora, agotada, feliz. Cuerpo dolorido, coño palpitante, culo sensible. Su olor en las sábanas, sabor en la boca. Quiero más, ¿sabéis? Esta pasión descontrolada me ha cambiado. Mañana, café y… ¿quién sabe? El deseo no para.