Confesión ardiente: La orgía matutina que me volvió loca de deseo

Llegaron los normandos a las seis de la mañana, después de conducir toda la noche. Yo estaba en pijama improvisado, una camisa larga de Fred que apenas me tapaba el culo desnudo debajo. Él en calzoncillos sueltos. Servimos café, todo normal, pero mis ojos no paraban de mirar la polla abultada de Marc bajo los pantalones. Gina, menuda y cachonda, sonreía con picardía. De repente, siento la mano de Brigitte… espera, soy yo, la rousse Brigitte, metiendo la mano entre las piernas de Fred. Mi corazón late fuerte, el aire se calienta.

—Espero que no estéis cansados, porque quiero conoceros… de verdad —digo con voz ronca, desabrochando la camisa. Mis tetas saltan libres, pesadas y firmes. Gina aplaude, se acerca y las agarra—. Joder, qué duras. ¿Puedo probar? Sus manos calientes me aprietan los pezones, se me pone el coño a hervir. Fred ya tiene la polla fuera por la braguette, tiesa como una barra. Marc la mira y se la mama sin pensarlo, mientras Gina se desnuda. El olor a sexo empieza a llenar la cocina, sudor mezclado con excitación.

La chispa que enciende el fuego

No aguanto más. Me tiro al sofá con Gina, nos comemos las bocas. Sus lenguas en mi chochito peludo, raspando la toison espesa. Gimo alto, el aliento corto. Fred y Marc se ponen a cuatro patas en la alfombra, pollas listas. Marc me agarra las caderas, me abre las piernas. Su polla gorda, venosa, me roza el coño. —Fóllame ya, joder —suplico. Entra de un empujón, llenándome hasta el fondo. Calor abrasador, mi piel quema contra la suya. Fred mete la suya en Gina, gemidos que retumban.

Explosión de placer sin frenos

Cambiamos. Yo monto a Fred, su polla palpita en mi culo apretado. Marc me come el coño mientras, lengua profunda en mi raja peluda, oliendo a hembra en celo. Sudor gotea, tetas rebotan. —¡Más fuerte, cabrón! —grito a Marc, que ahora me empotra por detrás. Su verga real, no como el dildo, me parte el ano. Duele y goza, lubricante natural de mi coño chorreante. Gina se une, lame mis jugos del rabo de Fred. Cuatro cuerpos enredados, pollas entrando y saliendo, culos abiertos, coños sorbiendo. Eyaculo primero, chorros calientes en la boca de Gina. Marc me inunda el culo, semen espeso que chorrea.

Nos derrumbamos, jadeantes. Cuerpos pegajosos de sudor, semen y fluidos. El sofá huele a sexo puro, intenso. Fred me besa suave, su aliento caliente en mi cuello. Gina y Marc se abrazan, riendo bajito. —Ha sido… joder, inolvidable —murmuro, con la piel erizada aún. La fatiga me invade, feliz, músculos temblando. Recuerdo cada empujón, el sabor salado en la boca, el ardor en el culo. Mañana dolerá, pero ahora solo quiero dormir en sus brazos, soñando con más. Este fuego no se apaga fácil.

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