Confesión caliente: cómo mi jefe me destrozó el culo y mi marido lo lamió todo

Ay, amor, no sabes lo que me pasó ayer con Éric, mi jefe. Estaba en la oficina, con mi falda ajustada y esa blusa blanca que deja ver todo. Él me miró todo el día, con esos ojos de lobo. ‘Qué guapa hoy, Sophie’, me dijo al oído durante la pausa. Sentí un escalofrío, mi coño se mojó al instante. Me llevó a un aparte, su mano rozando mi culo. ‘Ven a mi piso esta tarde, tengo algo para ti’. No pude decir que no, el deseo me comía viva.

Llegué temblando, el corazón a mil. Él abrió la puerta, ya en calzoncillos, su polla marcada dura como una piedra. ‘Quítate todo, como una puta’, ordenó. Me desnudé despacio, sintiendo su mirada devorándome. La cámara grababa, para ti, mi vida. Me puse de stripper, meneando las tetas, el culo en pompa. Él se acercó, manos gordas amasando mis nalgas. ‘Mira qué coño tan jugoso’. Hundió la cara ahí, lamiendo mi ano y mi clítoris. Olía a sexo puro, mi sudor mezclado con su saliva. Gemí fuerte, ‘¡Sí, cómemelo todo, joder!’ Mi respiración cortita, el calor de su lengua quemándome.

La tensión que me quemaba por dentro

No aguanté más, la razón se fue a la mierda. Me puso a cuatro patas, su polla corta pero gorda contra mi entrada. ‘Dime que quieres que te folle como a una perra’. ‘¡Fóllame, Éric, métemela hasta el fondo!’, supliqué. Entró de un golpe, pistoneando salvaje. ‘¡Eres mi puta casada!’, gruñía él. Yo gritaba, ‘¡Sí, soy tu puta, destrózame!’ Sudor por todos lados, su piel caliente contra la mía, el slap-slap de sus huevos en mi coño. Se corrió dentro, chorros calientes llenándome. Pero no paró, me hizo chupársela limpia, luego me empaló el culo. Duele al principio, pero ¡dios, qué placer! Entraba centímetro a centímetro, hasta la base. ‘¡Rompe mi ojete!’, aullaba yo, cabalgando como loca, tetas botando. Él quieto, yo moviéndome, oliendo a semen y sudor. Jugué varias veces, el culo ardiendo.

Luego, de rodillas, me folló la boca a saco, tirándome del pelo. ‘¡Trágatelo todo, zorra!’ Su leche explotó, salpicándome cara y garganta. La tragué, lamiendo hasta la última gota. Terminado, me dejó ahí, el coño y culo goteando esperma, marcada.

El polvo sin frenos y el morbo máximo

Volví a casa, aún oliendo a él. Tú llegaste, vi tu polla dura al oler mi entrepierna. Pusiste la cinta, nos sentamos. Tus ojos fijos en la pantalla, yo abriendo las piernas. ‘Ven, lame lo que Éric dejó’. Dudaste un segundo, pero te lanzaste. Tu lengua en mi coño sucio, tragando su corrida reseca. ‘¡Qué rico, amor!’, gemí. Luego te pedí, ‘Ahora el culo, métela donde él estuvo’. La abrí, viste el semen alrededor del ano. Lamiste profundo, yo fea de placer, arqueando la espalda. Perdí la cuenta del tiempo, tu lengua yendo de coño a culo, mi olor fuerte invadiéndote.

‘Ya basta, fóllame donde quieras’, jadeé. Te metiste en mi culo virgen para ti, sin piedad. ¡Joder, qué fuerte! Me hiciste gritar, aunque no como con él. Tu semen me inundó dentro, caliente, mezclándose con el suyo. Caíste sobre mí, exhausto, sudorosos los dos. Nos quedamos quietos, respirando agitados. Te besé suave, vi en tus ojos esa felicidad morbosa. Me levanté, piernas temblando, rumbo al baño. Pero en mi mente, el recuerdo quema: su polla gruesa partiéndome, tu lengua limpiándome, nuestro secreto uniéndonos más. Estoy cansada, feliz, adicta a esto. ¿Quieres más, amor?

Leave a Comment