Confesión ardiente: Mi noche de pasión prohibida con Jero

Jero y yo nos conocimos por internet, puro azar. Charlábamos de todo, de la vida, de nuestras mierdas diarias. Él, tan tímido, con esa soledad que le comía por dentro aunque no vivía solo. Yo sentía su hambre de caricias, de piel contra piel. Compartíamos miedos, risas, y poco a poco, el deseo se colaba en las palabras. ‘Quiero sentirte’, me escribía, y yo me mojaba leyéndolo.

Lunes por la noche, salgo del curso de teatro y ahí está, esperándome. El corazón me late fuerte, las piernas tiemblan. Nos besamos torpes en las mejillas, brazo con brazo, camino a mi piso. Son las 23:30. Me dice que necesita renacer, que nuestra conexión lo libera. Yo… apenas lo escucho. Solo miro sus ojos, su cuerpo moviéndose, huelo su colonia mezclada con sudor. Nuestras miradas se buscan, se esquivan, cargadas de hambre.

La chispa que encendió el fuego

De repente, me agarra el brazo. ‘Dime la verdad, ¿te gusto?’, susurra. TiemBlo. Él mira al suelo, una cucaracha pasa, se pone rojo. Río bajito, le toco la mejilla. ‘Sí, me pones cachonda’. Su mano en mi cintura, bocas cerca… nos besamos. Lenguas enredadas, salvajes. Lo abrazo fuerte, manos por todos lados. Beso su cuello, orejas, siento su polla endureciéndose contra mí.

Paramos para más besos en el camino, pero él me arrastra a un portal. Bajo las escaleras, escondidos. Mi pierna contra su muslo, lo devoro. Desabrocha mi abrigo, manos calientes en mi piel, en mis tetas, bajando a mi culo. Yo meto la mía en su pantalón, agarro esa polla gruesa, palpitante. ‘Joder, qué dura’, gimo. Su aliento se acelera, sensible después de tanto tiempo sin sexo.

‘¿Puedo probarte?’, le susurro al oído. ‘Sí, por favor’, jadea. Saco su verga, la miro, reluciente. La lamo despacio, desde la base al glande, chupando suave mientras lo miro. Gime, mano en mi cabeza. La meto en la boca, succiono, masturbo con la mano. Él tiembla, ‘Para, o me corro’. Nos besamos con su sabor en mis labios, subimos el pantalón y seguimos, muertos de ganas.

Explosión de placer sin límites

En el ascensor, besos y palabras entrecortadas. Abro la puerta, él detrás, manoseándome el culo, besando mi cuello. La llave tiembla en la cerradura. Entramos, ropa volando. Nos tiramos al suelo del pasillo, lenguas por todas partes. Enciendo velas, pongo música sensual. Él me abre las piernas, lengua en mi coño, lamiendo clítoris, metiendo dedos. ‘¡Dios, qué bueno!’, arqueo la espalda, piernas temblando.

Lo monto, su polla entra profunda en mi chocho mojado. Cabalgo fuerte, tetas rebotando, él agarra mi culo. ‘Fóllame más duro’, gruño. Cambiamos, me pone a cuatro, embiste como loco, huevos golpeando. Prueba mi culo, dedo primero, luego su verga lubricada. ‘¡Sí, métemela por el ojete!’, grito. Me folla el culo, alternando coño, hasta que exploto en orgasmos, él se corre dentro, chorros calientes.

Más rondas: 69, chupándonos mutuo, polla en garganta, yo ahogándome de placer. Penetraciones brutales, sudor, olor a sexo puro. Agotados, nos dormimos enlazados, su polla aún en mí, suave.

Despierto en sus brazos, revivo el calor de su piel, el sabor salado. Solo quiero más, repetir esa locura. Jero, mi Jero… qué noche.

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