Ay, Dios… Estaba jugando toda la noche, mi PS8 rugiendo, yo sudando como un cerdo con Astara, esa guerrera tetona y dura que me tenía enganchado. De repente, ¡pum! La luz se va, todo negro. Maldita sea, justo cuando ella huía de esos bichos asquerosos, los Slargs. Me levanto a tientas, busco velas, y ¡zas! Golpes en la puerta. Abro con un cuchillo en la mano, y ahí está ella. Astara. En carne y hueso. Sudada, armadura rota, un pecho medio fuera, muslos al aire. ‘Ayúdame, por favor’, jadea, con esa voz ronca que me pone la polla tiesa al instante.
La meto dentro, cierra la puerta, se desmaya en mis brazos. ¡Joder, qué tetas firmes contra mi pecho! La llevo al sofá, le pongo un paño húmedo en la cara. Despierta, hambrienta. Le doy pan, jamón, chocolate. Come como loca, gimiendo de placer. ‘Necesito energía’, dice, con los ojos brillantes. La llevo a la ducha, le explico cómo funciona. Se quita la ropa delante de mí… uf, esa piel cobriza, tatuajes, coño depilado asomando. Huyo a buscarle ropa, pero vuelvo y la veo desnuda, chorreando agua, tetas erguidas, pezones duros como piedras.
La chispa que encendió el fuego
Me mira, se gira, culo perfecto. Mi polla late, dolorida. ‘Te preparé ropa’, balbuceo, pero ella se acerca, desnuda. Huele a sudor y algo salvaje. Le curo las heridas: una en el muslo, cerca del coño; otra en la teta, rozando el pezón. Mi mano tiembla, piel caliente, suave. ‘Sangre… ¿qué es?’, pregunta inocente. Le explico, pruebo su piel con los dedos. Tension… insoportable. Su aliento corto en mi cuello, mi erección contra su vientre. ‘¿Qué es esto duro?’, susurra, tocándomela. Razón perdida. La beso, feroz. Lenguas enredadas, gemidos. ‘Fóllame’, gruño. Ella sonríe, salvaje.
La tiro en la cama, le abro las piernas. Coño húmedo, labios hinchados, olor a sexo puro que me enloquece. Le meto la lengua, chupo el clítoris, ella arquea la espalda. ‘¡Ah, joder! ¿Qué haces?’, grita, clavándome las uñas. Lamida tras lamida, dedos dentro, follándola con la boca. Se corre temblando, jugos en mi cara, gritando mi nombre. Ahora ella: me empuja, polla en su mano. ‘Grande…’. Me la mama, torpe pero hambrienta. Lengua en el glande, bolas en su boca, succiona hasta que veo estrellas.
Explosión de placer sin límites
No aguanto. La pongo a cuatro patas, culazo arriba. Polla en su coño empapado, ¡zas! Entra de golpe, apretada como virgen. ‘¡Sí, fóllame fuerte!’, aúlla. Empujo salvaje, cachetazos en el culo, tetas balanceándose. Cambio: ella encima, cabalgándome, coño tragándomela entera. Sudor gotea, pieles chocan, ‘¡Más profundo, cabrón!’. Le aprieto pezones, ella me araña el pecho. Me corro dentro, chorros calientes, ella explota otra vez, coño contrayéndose, gritando. Semen chorrea por sus muslos.
Agotados, caemos abrazados. Cuerpos pegajosos, olor a sexo y sudor. Su cabeza en mi pecho, respiración calmada. ‘Nunca sentí esto… tan vivo’, murmura, besándome el cuello. Yo acaricio su culo, recordando cada embestida, el calor de su coño. Fatiga dulce, feliz. Mañana más, pienso, mientras nos dormimos enredados. Esa noche cambió todo. Astara, mi guerrera, mi puta perfecta.