Ay, chicas, no sabéis lo que me pasó ayer por la tarde. Una tarde normalita, ¿sabéis? Desperté con ese puto despertador sonando, odiándolo como siempre. Mi novio hace meses que no me toca, siempre con el curro, y yo aquí, sola, con el coño ardiendo. Me masturbaba a diario, porno en el móvil, webcams, todo. Pero ya no bastaba. El alcohol me soltaba, me ponía cachonda perdida. Pensaba en pollas gordas, en culos abiertos… Necesitaba sexo de verdad.
Estaba harta. Me bebí unas copas rápido, puse el despertador para las seis y salí pitando al bosque ese de París, el Bois de Boulogne, donde sé que hay putas y de todo. Mi novio no estaba, perfecto. Llegué y vi la fila de coches, tíos desesperados como yo. Seguí a un tipo con capucha, tropezando con raíces, sudando, el corazón latiéndome fuerte. Olía a tierra húmeda, a sexo lejano. Un ruido metálico… clinc clinc. Me acerqué y vi a un tío pajéandose contra un árbol, mirando a una tía buena que se la metían por detrás. Joder, mi coño chorreaba ya.
La tensión que me volvió loca
Esperé a que acabaran. La tía se ajustó la falda, culo perfecto, tetas enormes en un escote brutal. Alta, morena, acento sudamericano. ‘Hola guapo, ¿buscas plan? Treinta euros, cuarenta por el culo’, me dijo con voz ronca de fumadora. Yo… titubeé, pero le dije ‘Sí, vamos’. Pensé que era una puta top, no caí en que era trans. Me llevó al árbol, se arrodilló y sacó mi… espera, no, yo soy tía, pero joder, en mi cabeza era yo la que mandaba. No, espera, la seguí, caliente perdida.
De rodillas me puso, pero yo quería su boca. Lamía mi coño, lengua caliente, húmeda. Olía a su perfume barato mezclado con sudor. ‘Mmm, qué rico coñito’, murmuraba. Luego me giró, lengua en mi culo, suave, insistente. Me abrí, gemí bajito. El voyeur nos miraba, polla en mano, clinc clinc. Me excité más. Ella se levantó, sacó gel frío, untó mi ano. ‘Relájate, puta’, susurró. Sentí su polla dura empujando. Dolor… ay, joder, duele. Pero me bloqueó el cuello, dulce y firme. ‘Respira esto’, fiole en la nariz, poppers. Todo giró, placer cerebral. Me la metía toda, polla gorda, caliente, golpeando profundo.
El polvo crudo y el éxtasis total
‘¿Te gusta mi verga?’, jadeaba con acento. ‘Sí… fóllame más fuerte…’. El voyeur cerca, cincuenta tacos, cara de papá vicioso. ‘Chúpale la polla’, ordenó ella. Obedecí, boca llena, salada, venosa. Ella me taladraba el culo, pausas para más poppers, aliento corto en mi oreja. Olía a sexo puro, sudor, semen. Gemía ‘¡Toma puta!’, y noté chorros calientes dentro, sin goma. Se retiró riendo, se fue. Yo de rodillas, culo ardiendo, goteando leche, el voyeur encima. Me folló salvaje, polla vieja pero dura, me corrió dentro también. Sombras alrededor, más tíos mirando, pajéandose. Yo… corrí como loca, coño palpitando.
Después, exhausta, hojas pegadas a la piel, sudor frío. Miedo al SIDA, joder, qué idiota fui sin goma. Pero… qué subidón. Culo dolorido, lleno de semen caliente, olor persistente. Caminé tambaleante al coche, riendo sola. Ahora lo recuerdo y me mojo otra vez. Fue brutal, prohibido, mío. Quiero más.