Confesión: La Noche en que el Deseo Me Devoró Entera

¡Ay, madre mía, aún me late el coño al pensarlo! Acabo de colgar el teléfono, llamé a la inmobiliaria para vender la casa y al abogado para el divorcio. Dieciocho años con él… puff, se acabó. Salí a la calle con el corazón hecho mierda, pero el cuerpo pidiendo guerra. En un bar cutre del centro, lo vi: alto, ojos que te follan con la mirada, barba de tres días. Me invitó una copa, hablamos de rupturas, de vidas que no encajan. ‘Yo también estoy divorciado’, dice con voz ronca. Su mano roza la mía, y zas, chispa. Nos miramos, el aire se carga de electricidad. Pagamos y salimos, yo ya notando mi tanga empapada.

En su coche, no aguanto más. Mi mano sube por su muslo, fuerte, musculoso. Él frena en un semáforo, me agarra el cuello y me besa como un animal, lengua dentro, mordiendo mi labio. ‘Joder, qué ganas de follarte’, murmura. Yo gimo, ‘No pares, cabrón’. Llegamos a su piso, puerta cierra de un portazo. Nos comemos la boca en el pasillo, manos por todas partes. Le arranco la camisa, él me sube el vestido, dedos directos a mi coño chorreando. ‘Estás que explotas’, dice jadeando. Yo le bajo los pantalones, su polla salta dura como piedra, venosa, gorda. La aprieto, él gruñe. La razón… ¿qué razón? Se va a la mierda. ‘Fóllame ya, no puedo más’, le suplico, temblando.

La Chispa que Enciende el Infierno

Me tira en la cama, boca abajo. Me abre las piernas, nariz en mi culo, oliendo mi sexo. ‘Hueles a puta en celo’, dice, y mete la lengua en mi coño. Lamida profunda, chupando mi clítoris hinchado, dedos dentro removiendo. Grito, ‘¡Sí, así, joder!’. Me corro rápido, jugos en su cara, él bebe todo. Me voltea, polla en mi boca. La chupo voraz, lengua alrededor del glande, bolas en la mano. ‘Traga más, zorra’, ordena, cogiéndome el pelo. Le meto hasta la garganta, saliva por todos lados, olor a macho sudado. Me monta, polla clavándose en mi coño de un empujón. ‘¡Qué apretado tienes!’, ruge. Me folla brutal, embestidas profundas, cama crujiendo. Sudor goteando, pieles chocando, slap-slap. Le araño la espalda, ‘Más fuerte, rómpeme’. Cambia, me pone a cuatro, mano en mi pelo tirando. Polla entra y sale, coño ardiendo, yo pidiendo ‘En el culo, dámelo’. Escupe, dedo primero, luego glande empujando. Duele rico, ‘¡Coño, qué prieto!’, gime. Me sodomiza lento al principio, luego salvaje, bolas golpeando mi clítoris. Me corro otra vez, gritando su nombre inventado en el calor.

Él no para, me llena el culo de leche caliente, chorros interminables. Sale, polla aún tiesa, me la mete en la boca para limpiar. Sabor a mi culo y su corrida, delicioso. Me come los pechos, tetas mordidas, pezones duros. Vuelta al coño, misionero, piernas en sus hombros, follando hondo. ‘Te voy a preñar’, dice. Yo, ‘Sí, lléname entera’. Se corre dentro, esperma rebosando, mezclándose con mis jugos. Caemos exhaustos, cuerpos pegajosos de sudor, semen y sudor. Respiramos agitados, él me besa el cuello, ‘Eres una diosa del sexo’. Yo río bajito, ‘Y tú un semental’. Nos quedamos abrazados, piernas enredadas, olor a sexo impregnando la habitación. Dolor dulce en el coño y culo, músculos temblando. Pienso en mi ex, en la casa que vendo… pero esto, joder, esto es vida nueva. Sonrío en la oscuridad, sabiendo que lo llamaré mañana. El deseo manda, y yo le obedezco feliz.

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