Me llamo Lola, tengo cuarenta y pico, vivo cerca de Toulouse en una casita heredada. Independiente, me flipa el bricolaje. Heredé la casa de mi tío abuelo, un lío de trastos por todas partes. Decidí retaparla yo sola. Primer paso: comprar una remolque en Norauto. Vestida con vaqueros y sudadera, el vendedor me explica todo. Me pongo a mirar, toco el timón… y noto un cosquilleo entre las piernas. ¿Qué coño? No le doy bola.
La engancho al coche, salgo del parking. ¡Madre mía! Conduciendo, la remolque atrás, siento el calor subiendo. Mis bragas se mojan. ¿Por qué? Miro por el retrovisor, la veo balancearse un poco… y mi coño palpita. Respiro hondo, el aliento corto. Intento ignorarlo, pero cada bache me pone más cachonda. Llego a casa, aparco. Toco la remolque, metal frío bajo mis dedos, y… goteo. Subo a la cama, me quito todo, pero nada. Bajo de nuevo, cerca de ella, y vuelvo a mojarme como una puta. Esto es raro, joder.
La chispa que enciende el fuego
Necesito materiales, voy a Leroy Merlin. Cargando pladur y sacos, veo a un tío guapo, unos cuarenta, con su remolque. Me mira, yo finjo no ver. Me ayuda a cargar. ‘¿Quieres ayuda para descargar?’, dice. Sonrío. ‘Sígueme, está cerca’. En la carretera, mi plan está claro: no quiero ayuda con materiales, quiero su polla. Mi coño arde, la remolque me tiene loca. Veo un desvío viejo, abandonado, pongo los warnings. Él para detrás. Bajo, toco la remolque como si chequeo. Excitadísima, pezones duros.
Se acerca: ‘¿Problema?’. ‘No… mira, con la remolque estoy que exploto. ¿Me follas fuerte y rápido?’. Me mira, sonríe: ‘¿En serio?’. ‘Capote, ¿tienes?’. ‘Sí’. Bajo pantalón y bragas, me agarro al timón, culo al aire. Huele a mi excitación, humedad pegajosa en muslos. Él se pone detrás, frota su polla dura contra mis nalgas. Encuentra mi coño chorreante, entra de un empujón. ‘¿Bien?’, jadea. ‘Fuerte, joder’. Empieza a bombear, piel contra piel caliente, sudor mezclándose. Su aliento en mi cuello, corto, animal.
La follada brutal y el éxtasis
‘¿Así?’, gruñe, agarrándome caderas. ‘Más fuerte, métela hasta el fondo’. Me fustiga el culo, palmadas que queman. ‘¡Sí!’. Mi coño aprieta su polla gruesa, llena. Olor a sexo crudo, polla mojada saliendo y entrando. ‘Tu coño está ardiendo’, dice. ‘No pares, fóllame como a una perra’. Acelera, bolas golpeando mi clítoris. Siento el orgasmo subiendo, piernas temblando. ‘Me corro… ¡ahhh!’. Exploto, grito, todo negro. Me desmayo un segundo. Despierto con una cachetada suave. ‘¿Estás bien?’. Río, él con polla tiesa aún. ‘Ahora te acabo yo’. Le quito el capote, agarro esa verga gorda, la meneo rápido. Couilles pesadas en mi mano. ‘Córrete’. Gime, chorros calientes en mi palma. Olor fuerte a semen.
Después, agotada, feliz. Nos vestimos riendo. ‘Fue la remolque, no tú’, bromeo. Me voy a casa, piernas flojas, coño palpitando aún. Recuerdo su polla abriéndome, el metal frío bajo mis manos, mi grito ecoando. Louise, mi amiga, me escucha flipada. ‘¿Repetimos?’, dice. Sonrío. Ese fetiche me cambió. Ahora, cada vez que veo mi remolque, mojo. Y planeamos más…