Confesión ardiente: Mi polvo loco en la tienda de lencería del puerto

Ay, chicas… no sabéis lo que me pasó el otro día en el puerto viejo. Yo soy adicta a la lencería, de la que marca el culo, strings abiertos que dejan ver todo, para mí y hasta para tíos. Paso horas en tiendas, catálogos, matando culos prietos y bultos en pantalones ajustados. Ese día, sol de abril calentando la piel, vi a un camelot cerrando su puesto. Lencería a precios de risa: algodón, seda, lycra revuelta.

Me acerqué, fisgando. ‘¿Buscas algo sexy para tu novia?’, me dijo con guiño. ‘No, para mí’, solté sin pensarlo. Se rió, ‘Pues mira aquí, todo para el placer… ojos y manos’. Hablaba sucio, excitante, de cómo los tíos dudan pero se mojan igual. Yo rebuscaba, bronceada del sol, imaginando cómo me quedaría. Encontré tres piezas: dos para mí, una string masculina que me picaba la curiosidad. ‘Si quieres otro color, en mi tienda al lado. Mi mujer la lleva, pero yo te muestro’. Me tuteó de golpe, ojos maliciosos. Vale, pensé, ¿por qué no?

La chispa que encendió todo

Pagamos y fui al Cours Belsunce, dos calles atrás. ‘Al Placer – Lencería’. Store bajado, esperé. Llegó él, fuerte, felino. Entramos rápido, alarmas off. Palacio de espejos, lencería everywhere. Me dio el string gris. ‘Prueba, nadie molesta’. Me quité el jean, slip húmedo de lo caliente que ya iba. Espejos multiplicaban mi culo, mis tetas. Él me pasó más: bodies, ligueros, medias. Desnuda casi, caminaba ondulando caderas, vi su polla hinchada en el pantalón. Se desabrochó, verga tiesa, goteando. ‘Siéntate’, le dije temblando. Él en sillón, piernas abiertas, yo probando todo, miradas cruzadas en espejos. Olía a sexo ya, aliento corto.

No aguanté. Me puse un body blanco, liguero negro, string que partía mi raja. Poiludos mis labios asomando. Salí coqueta, manos en caderas. Él se levantó, me besó el cuello… su polla dura contra mi culo. Manos en muslos, tocando mi coño mojado. Me giró, devoró mi boca, lenguas salvajes. Me arrodillé, mamé su verga gorda, bolas en mano, oliendo su sudor macho. Él me sujetaba cabeza, follando mi garganta suave. Agarró el body, ¡pop! presiones saltaron, culo y coño libres. Se agachó, lengua en mi ojete, caliente, loca… gemí fuerte, vi en espejo sus labios hundidos en mi raja, polla tiesa balanceándose.

La follada sin frenos

Me empalé en él despacio, capote puesto, espejos mostrando cada centímetro tragado. ‘Mueve ese culito de puta’, murmuró ronco. Manos en caderas, subiendo bajando, huevos chocando. Me pajeaba viendo mi clítoris hinchado, él clavado en mis ojos. ‘¡Joder, me corro!’, exploté, él llenándome de leche caliente. Caí sobre él, polla saliendo con chupetón húmedo.

Pero no acabó. Me lavamos atrás, su verga blanda rozó mi culo, se puso dura otra vez. ‘Ahora fóllame tú mi culo’, susurró. Se dobló en mesa, piernas abiertas, ojete rosado fruncido. Lo lamí, succioné, polla colgando tiesa. Entré con saliva, embistiéndolo hondo, huevos palmoteando carne. Él se corrió gritando, culo apretándome. Seguí limándolo, vacío pero liso, hasta vaciarme dentro. Agotados, sonrisas. Me dio un slip de encaje. ‘Vuelve, mi putita… te vestiré de conejita’. Beso último, salí flotando, culo palpitando, olor a semen en piel. Aún me mojo recordándolo…

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