Confesión caliente: Abandonada en París, follada salvajemente por un desconocido

Estoy vagando por las calles de París como un alma en pena. Hace unas horas, Fred, mi marsellés, me dejó plantada después de correrme en su boca. ‘No puedo hacerle esto a mi hijo ni dejar a mi mujer’, dice el muy cobarde. Yo, destrozada, entro en un café pidiendo un trago fuerte. Nunca bebo, pero hoy… necesito olvidar.

Al lado, un tío me mira. Alto, moreno, ojos negros profundos. ‘Yo tampoco bebo, pero hoy duele’, dice con una sonrisa. Se llama Denis, también casado, plantado por una cita online. Charlamos de nuestras mierdas amorosas. Me siento atraída, su mirada me quema. ‘¿Quieres que te enseñe la ciudad? Tu tren sale en cuatro horas’, propone. Digo que sí, el alcohol y la rabia me nublan.

La chispa que enciende el fuego

Caminamos, su mano roza la mía. ‘Me gustas mucho… no suelo decirlo tan rápido, pero…’, balbuceo. Se acerca, me agarra la cintura, la nuca… y me besa. Lenguas enredadas, dulces, calientes. Mi coño palpita, la humedad sube por mis muslos. Olvido a Fred. ‘Ven conmigo’, susurra. Lo sigo sin pensar. Entramos en su piso, cierra la puerta devorándome la boca.

Me empotra contra la pared, mano bajo la falda, dedos en mi coño empapado. ‘Estás chorreando, puta’, gime. Tres dedos me follan profundo, me abro de piernas. Jadeo, su aliento caliente en mi cuello huele a deseo. Me quita la ropa, chupa mis tetas duras, muerde pezones. Bajo al suelo, su polla enorme sale del pantalón. La chupo voraz, bolas pesadas en mi mano, dedo en su culo. Se corre en mi boca y tetas, leche caliente escurriendo.

Explosión de placer sin frenos

Temblando, entro en la ducha. Él me sigue, jabón de caramelo en mi espalda. Manos en mis tetas, polla dura contra mi vientre. Dedos en mi ano, lengua lamiendo mi culo. ‘Fóllame, métemela’, suplico. Me penetra el coño en levrette, polla gruesa al fondo, golpes brutales. ‘Ahora tu culo, zorra’. Glande en mi ojete, empujo contra él. Me encule salvaje, profundo. Froto mi clítoris, grito: ‘¡Me corro! ¡Ahhhh!’. Él eyacula dentro, ‘¡Toma todo, joder!’.

Agotados, nos secamos. Sudor, olor a sexo por todas partes. ‘Eres increíble… quiero verte más’, dice sin remordimientos. Sonrío, feliz. ‘Yo también’. Mañana chateamos. Adiós Fred, hola Denis. Mi cuerpo aún tiembla recordando su polla en mi culo, el placer brutal. Fue loco, pero vivo mis deseos al 100%. París me cambió.

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