El verano pasado, mi marido Javier y yo nos escapamos a la costa atlántica. Primeras vacaciones sin peques en años. Calor de cojones en la carretera. Terminamos en un hotel de mierda, lejos de la playa. Cena floja, ruidosa. Salimos a pillar fresco y ahí estaban ellos: una pareja de unos cuarenta, como nosotros. Él, Raúl, fumando sin parar, short suelto. Ella, Juana, rubia, tetas enormes sin sujetador bajo una camiseta rosa. Se movían… uf, qué meneo. Yo pillé a Javier mirándole el paquete. La polla se le marcaba clarito por la pierna del short, larga, gruesa. Me puse roja cuando me pilló mirándola. Nos hablamos un rato de hoteles y playa. Buena noche, dijeron, y a sus cuartos. Nuestras habitaciones pegadas, puerta comunicante.
La nuestra un horno. Ruido everywhere. Nos desnudamos. Yo me metí en la ducha, agua templada resbalando por mi piel. Javier entró, nos apretujamos. Sus manos en mi culo ancho, mis tetas pequeñas pero duras, pezones como antenas tiesas, oscuros. Olía a jabón y a nosotros ya cachondos. Me besó el cuello, mordisqueó. Agarré su polla, ya tiesa, venosa. ‘Cariño, qué dura…’, le susurré. Él metió dedos en mi coño, labios hinchados, mojado perdido. Poilosa, como me gusta, rizada y abundante. Clítoris asomando, hinchado.
La chispa inicial y la tensión insoportable
Salimos sin secar, al colchón. Me lamió el coño, lengua plana en los labios, chupando el clítoris. ‘Ah… sí, ahí…’, gemí bajito. Piernas temblando, calor subiendo. De repente, grito al lado. Nos paramos. Juana. Gritos agudos, ‘¡Sí, fóllame más!’, luego rugido grave. Se corrían. Javier me miró, ojos en llamas. ‘Joder, qué putos…’, reí nerviosa. Eso nos prendió. Me puse a cuatro, él me entró de golpe. Polla llenándome, golpeando fondo. Sudor pegajoso, su aliento en mi espalda corta. Olor a sexo invadiendo todo.
El polvo brutal donde la razón se fue al carajo
La tensión explotó. No podíamos parar. Oíamos el cabecero golpear la pared. Juana chillaba otra vez. Javier me follaba más fuerte, ‘¡Córrete para mí, puta!’. Yo, perdida, ‘¡Me corro, joder, me corro!’. Espasmos, coño apretando su polla. Él sacó, leche espesa en mi boca. Tragué, salada, caliente. No paró. Me montó encima, yo rebotando, tetas saltando. ‘¡Otra vez, dame más polla!’, grité alto, sin importar. Se corrió dentro, inundándome. Cuerpos temblando, pegados, sudor frío ahora.
Al día siguiente, nueva casa en pinos. Vecina Martine, desnuda, coño rapado liso, labios oscuros. Hablamos en pelotas por la valla. ‘¡Hola, nueva! ¿Os animáis a birra?’, dijo riendo. Pero eso fue después. Esa noche del hotel… uf. Cansancio feliz, abrazados. Recuerdo el sabor de su semen, sus gemidos mezclados con los de Juana. Deseo puro, sin frenos. Aún me mojo pensándolo.