Confesión ardiente: Me follé al semental en la biblioteca mientras mi novio miraba

¡Ay, amiga, no sabes lo que pasó anteanoche! Era el 14 de julio, fiesta en mi casa de Meudon. Yo, Carmen, la profe de letras española que no se corta un pelo. Llené la casa de colegas, amigos, unos cincuenta. Calor asfixiante, música, copas… y yo con mi vestidito negro corto, encaje, medias con ligueros asomando cuando bailaba. Mi novio, celoso como un lobo, me veía rodeada de admiradores.

El nuevo era Pablo, un profesor de gym, un armario empotrado, moreno, risueño. Me pegaba como una lapa desde el principio. Yo le seguía el rollo, ¿por qué no? Cruce las piernas en el sofá, roce su brazo… Mi novio bufaba, pero yo reía. En la cocina, rellenando copas, explotó: ‘¡Estás coqueteando con ese bruto delante de todos!’ Le negué todo, ‘¡Qué va, es simpático, nada más!’ Pero sus ojos echaban fuego. Me miró fijo, yo sonreí mala… y el fuego artificial empezó fuera.

La tensión que me volvió loca

Subimos al segundo piso, oscuridad para ver los fuegos sobre París. En la biblioteca, puerta entreabierta, le pedí a Pablo un libro de arriba, erótica pura, nuestro ‘infierno’ particular. ‘¿Me ayudas, grandote?’ Él, juguetón: ‘¿Te subo yo?’ Dudé, miré… y vi a mi novio espiando por la rendija. Sus ojos clavados. El corazón me latió fuerte. Pablo me cogió por la cintura, fuerte, sus manos calientes en mi piel. Me levantó fácil, falda arriba, tanga expuesta. Bajé despacio, rozando su cuerpo duro. Él palpó mi culo, ‘¡Qué culazo, Carmen!’ Yo gemí bajito, mirando a mi novio. La razón… se fue a la mierda.

Sus dedos metieron por debajo de la tanga, oliendo mi coño ya mojado. ‘Estás empapada, puta.’ Tiró la tanga abajo, hasta los tobillos. Yo la dejé caer, mirándole a él… y a mi novio. ‘Fóllame ya’, susurré. Me sentó en el escritorio, piernas abiertas. Su lengua en mi clítoris, chupando fuerte, mis jugos por su barbilla. ‘¡Ay, Dios, no pares!’ Olía a sexo, sudor, fuegos retumbando. Su polla saltó libre, enorme, venosa, palpitante. La agarré, masturbarla dura, pre-semen goteando.

El polvo brutal y el clímax explosivo

La guié a mi entrada, resbaladiza. ‘Métemela toda.’ Empujó, rompiéndome, llenándome hasta el fondo. ‘¡Joder, qué prieta!’ Follando brutal, pistoneando, mis tetas rebotando libres, pezones duros. Le arranqué la camisa, uñas en su espalda. Gritos míos ahogados por los petardos: ‘¡Más fuerte, cabrón!’ Él me levantó, piernas en su cintura, clavándome contra la pared. Sudor chorreando, piel pegajosa, su aliento en mi cuello. El bouquet final iluminó todo naranja, yo exploté: coño contrayéndose, chorros calientes. Él gruñó, corriéndose dentro, semen caliente inundándome.

Bajé temblando, falda arrugada, sin tanga. Encontré a mi novio abajo, pálido. Le sonreí pícara: ‘¡Qué fuegos, amor! Nunca había visto algo tan… intenso.’ Le di un beso, sabiendo que lo sabía. Cansancio dulce, coño palpitando aún, semen escurriendo por muslos. Ahora, recordándolo, me mojo otra vez. ¿Quieres detalles más sucios?

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