Ay, chicas, aún me tiemblan las piernas al recordarlo. Fue en esa fiesta loca con mis amantes Julia y Cristina, nuestras ahijadas y sus amigas. Diez años juntas, polyamour total, todo fluía. Pero yo, tonta, había fanfarroneado antes. ‘Si me pilláis, me dejo azotar en público’, dije. Y ahí estaban, recordándomelo con sonrisas malvadas.
No me importaba estar desnuda. Todas conocían mi cuerpo: tetas grandes, pezones oscuros que se endurecen al aire, mi mata rubia entre las caderas anchas. Pero el látigo en el culo ese día… uf, justo cuando quería disfrutar. Maugréé, pero cedí. Julia y Cristina dictaron: privado el error, público el castigo.
La chispa que encendió el fuego
Me quitaron las sandalias. ‘Espera’, dijo Cristina. ‘Que las nuevas amigas te desnuden’. Agnes, la italiana, y Clara se ofrecieron. Agnes bajó mi vestido, lento, rozando hombros, dejando mis tetas al aire. Se detuvieron en la cintura, admirando cómo mis pezones rosados se ponían duros sobre las aréolas anchas. El vestido cayó a mis tobillos.
Luego Clara con las bragas. Su nariz casi tocaba mi pubis. Sentí su aliento caliente, olía mi excitación. Me mojaba ya, el calor subía. ‘¡Date prisa, pillina!’, riñó Julia. Clara bajó la tela, pegada a mis labios. Un chupetazo al separarse, el gusanete húmedo se volvió del revés. Nadie miró mis bragas menos ella, que las escondió en su short.
Me subieron a la mesita. Desnuda, rodillas en el sillón central. ‘Agnes y Clara, sujetadme las piernas’, ordenó Julia. Charlotte las manos. Todas se desnudaron por ‘estética’. Culitos firmes, coños depilados o no. Clara sacó mis bragas, Charlotte las olió: ‘¡La concha de la madre de tu amiga! ¿Te pone tanto?’
Cristina empezó. ¡Zas! En la nalga izquierda, ardor vivo. Julia siguió, rápida, quince latigazos. Mi culo rojo brillaba, sudaba. No grité, pero me retorcí. Me abrieron más las piernas, mi coño expuesto. Christine palpó: ‘¡Estás empapada, guarra! Te excita.’ Clara: ‘¡Qué bella patata! El conejito llora.’
Nueva ronda: todas azotando mi coño. Cinco por cabeza, ocho mujeres. Dolor punzante, pero placer crecía. Vejiga llena, no aguantaba. Bajo un latigazo, me meé. Goteó sobre Laurence, que lo tomó estoica. Flujo caliente entre sus tetas, charco en el suelo.
‘¡Cochina!’, exclamó Cristina. ‘Límpiala.’ Pero más castigo. Laurence tomó el látigo, precisa en mis labios. Julia me puso su coño en la boca. Chupaba su clítoris enorme, gordo como un dedo. Gime, yo ahogada en su olor almizclado, sudor salado.
El clímax brutal y el éxtasis final
La tensión explotó. No razonaba. Solo coño ardiendo, vejiga vacía, boca llena de jugos. Laurence azotaba, yo lambía. Julia se corrió primero, gritando, temblando sobre mi cara. Chorros calientes en mi garganta.
Laurence me miró, mi coño abierto, hinchado, zurrado rojo como corales. Ninfas gruesas brillantes de miel. Fruncí las nalgas, expuesta total. Zas, entre labios. Gemí en el coño de Julia. Otro, preciso en el clítoris. Filete de mi corrida goteando.
Cristina relevó, más fuerte. Mi vientre retumbaba, deseo brutal. Julia me apretaba la cabeza, su clítoris palpitante en mi lengua. Ocho latigazos más, y exploté. Orgasmos de dolor-placer, fuego líquido. Grité en su chocho, cuerpo convulso.
Rodamos al suelo, 69 salvaje. Mi lengua en su coño chorreante, la suya lamiendo mis labios destrozados. Chupábamos como locas, lágrimas en su miel, ella sorbiendo mi corrida. No paré, vientre exigía más. Me corrí de nuevo, aullando sin pudor.
Agotada, cabeza en el suelo. Julia encima, tetas pesadas, coño goteando sobre mí. Su boca besaba suave mi vulva, succionando restos. Calma feliz, ardor apaciguado.
Cristina se arrodilló, sonrisa pura. ‘¡Feliz cumpleaños, amores!’. Besó mi boca con jugos de Julia. Todas rieron, cuerpos desnudos acercándose. Noche de bacanal empezó, pieles calientes, olores de sexo mezclado.
Ahora, sola, me toco recordando. Ese culo rojo, coño meado y azotado, corridas compartidas… Quema aún. ¿Queréis más detalles? Joder, fue brutal.