Ay, Dios… Aún siento el calor en mi piel. Soy Patricia, enfermera en una ONG, recién vuelta de África con un trauma que me cambió todo. Conocí a este publicista brocanteur en el pueblo, con sus chinchillas y sus manos que me volvían loca. Esa noche… nos follamos sin condón, puro instinto. Él se corrió dentro, profundo, y yo quise eso. Un hijo. No planeado, pero sí deseado.
Se fue a París por trabajo, yo quedé aquí, en mi casa fría. Le mandé emails, textos calientes. ‘Te echo de menos, mi coño palpita por ti’. Él respondía, excitado, contándome cómo olía mi cama, cómo se masturbaba con mis bragas. La tensión crecía. Cada mensaje era un latigazo. ‘Mis pezones están duros pensando en tu polla’, le escribí una noche. Él: ‘Quiero follarte ya, llenarte’. Mi vientre ardía, el clítoris hinchado. La razón gritaba: ‘¡Test de embarazo!’. Pero el deseo… uf, insoportable. Me toqué pensando en él, corrí sola, pero no bastaba. Tenía que volver.
La chispa que enciende el fuego
Pasaron días eternos. Brocante, emails sobre futuro, paternidad. Yo bailando con Jocelyne en París, pero solo pensando en su verga. ‘Solo tú, apriétame fuerte’, le texteé. Él en mi cama, oliendo mi coño en las sábanas. Nos masturbamos por teléfono: su voz ronca, yo gimiendo, ‘Métemela, córrete dentro’. El orgasmo fue brutal, pero lejano. La espera me mataba. Sabía que no estaba embarazada aún… o sí? El tampón lo confirmaba. Volví en secreto, desnuda en su cama.
Entré sigilosa. Él dormía. Me deslicé a su lado, piel caliente contra la mía. Besé su pecho, lamí sus pezones duros. ‘Patricia…’, murmuró. Mi mano bajó, agarré su polla semi-dura, ya palpitante. ‘Te necesito dentro, ahora’. Se endureció al instante, enorme, venosa. Me subí encima, froté mi coño mojado contra ella. ‘Sin condón, como la primera vez’, jadeé. Él gruñó, ‘Sí, fóllame’. Bajé despacio, su glande abriendo mis labios. ‘Joder, qué apretada estás’. Empujé, lo tragué entero. Calor, humedad, olor a sexo crudo.
Explosión de placer sin límites
Cabalgaba salvaje, tetas botando. Él chupaba mis pezones, mordía suave. ‘Más fuerte’, gemí. Agarró mis caderas, embistió desde abajo, polla golpeando mi cervix. Sudor, respiraciones cortas, ‘Me corro…’. ‘Dentro, lléname de leche’. Rugió, chorros calientes inundándome. Yo exploté, coño contrayéndose, chorros míos mezclados. Sacó despacio, semen goteando. ‘Mira’, dijo, metiendo dedos. Lamí su polla limpia, saboreando nosotros.
Caímos exhaustos, abrazados. Cuerpos pegajosos, olor a corrida y sudor. ‘Quizá ya estés preñada’, susurró, besando mi vientre. Reí, cansada, feliz. ‘Si no, repetimos’. Dormimos así, piernas enredadas. Al despertar, el recuerdo quema: su polla hinchada, mi coño chorreando, el placer animal. Quiero más, toneladas. Con él, un hijo, todo.