Confesión caliente: el trío salvaje que me voló la cabeza en mi propio sofá

Ay, chicas, aún me tiemblan las piernas al recordarlo. Era sábado, las 17:40, en el salón de mi casa. Siriac, mi novio, llegó hecho mierda, vomitado y oliendo a alcohol rancio. Roméo lo arrastraba, sudando. ‘Tranquila, solo bebió de más en casa de unos amigos’, dijo él, pero yo sabía que era en lo de Flora, esa zorra. Lo metimos en la cama y se quedó frito.

Estaba preocupada, cabreada. Llamé a Eloïse, la amiga de Roméo, y vino volando. Al verla entrar y lanzarse sobre él… uf, besos hambrientos, ella a horcajadas en sus rodillas. ‘¡Roméo, te quiero!’, gemía, frotándose contra su paquete. Yo… me quedé mirando, el corazón latiendo fuerte. El aire se cargó de pronto, olor a deseo, piel caliente. Intenté hacer café, pero los oí: respiraciones cortas, roces. Eloïse se quitó el pantalón, le abrió el suyo… y zas, se empaló en su polla tiesa. ‘¡Hmmm, qué buena está!’, soltó ella.

La chispa que encendió el fuego

Yo volví y los pillé follando como animales en mi sofá. ‘¿Os molesto?’, dije, pero el calor me subía por el coño. Me excité viéndolos, sus gemidos, el slap-slap de carne. ‘Grouíllense’, murmuré, pero ya estaba mojada. El teléfono sonó, era Juliette, pero seguían a lo suyo. Apagué la tele y les dije: ‘Hay Eloïse aquí…’. Ella se bajó, pero yo… miré la polla de Roméo, aún dura, brillante de jugos. La tensión era insoportable, mi clítoris palpitaba. ‘Ya que es así…’, dije, y me bajé el pantalón.

Me senté en sus rodillas, igual que ella. Su polla entró en mi coño de un golpe, ¡ahhh! Tan gruesa, caliente, llenándome. ‘¡Eres una puta!’, gruñó él, mamando mis tetas. Eloïse volvió de la cocina, flipando: ‘¡Joder!’. Pero yo ya no paraba, subiendo y bajando, chorreando. ‘Tu turno fue, ahora el mío’, le dije entre jadeos. Roméo me follaba duro, sus manos en mi culo, pellizcando. ‘¡Hazme correr!, ¡calla y fóllame!’, le ordené. Eloïse nos miraba, furiosa pero cachonda.

El clímax brutal y el después

De repente, ella se quitó la braguita, se tocó el coño depilado. ‘¿Os excito?’, preguntó, malvada. Se subió al sofá, piernas abiertas sobre nosotros. ‘¡Lamedme!’. Roméo hundió la lengua en su culo y coño, yo dudé… pero ella me empujó la cabeza. ‘Juliette dice que lo haces genial’, gimió. Lamí su clítoris hinchado, salado, metiendo dedos. Olía a sexo puro, sudor y excitación. Los tres gemíamos: ‘¡Sí, joder! ¡Más lengua!’. Mi coño apretaba la polla de Roméo, sus embestidas brutales. Él explotó primero, chorros calientes dentro de mí, ¡aaaaah!.

Pero ellas seguían. ‘No pares, lame mi coño con tu leche’, suplicó Eloïse. Yo lamía furiosa, dedos en su agujero apretado. Roméo se apartó, exhausto: ‘¡Qué putas!’. Nos quedamos solas, ella y yo, 69 en el sofá. Lenguas en coños empapados, chupando clítoris, dedos follando culos. ‘¡Me corro! ¡Síiii!’, gritamos juntas, temblores, squirt en mi boca. Cuerpos sudados, pegajosos, olor a corrida y fluidos.

Después… uf, fatiga deliciosa. Nos vestimos a medias, riendo nerviosas. Siriac roncaba aún. Roméo: ‘No dirás nada, ¿eh?’. ‘Ni tú’, dijimos. Hablamos de Juliette, de Flora, pero el recuerdo ardía: esa polla dura, lenguas expertas, orgasmos múltiples. Fue caos, pero… qué vicio. Aún me mojo recordándolo. ¿Quién iba a decir que mi venganza sería tan rica?

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