Ay, qué día… Llegué al curro con esa falda tan corta que Paul juraba era lo único decente. Pero mi coño ya palpitaba, empapado de pura frustración. Una semana sin follar como Dios manda. Entonces, el mail de Blackbird: ‘Quítate las bragas ya. Moja la silla con tu coño baboso. Foto o nada’. Cerré la puerta, me subí la falda, me apoyé en el escritorio… Mis dedos entraron solos, index y medio hurgando, sacando jugos calientes para untarlos en el asiento. Olía a sexo, a mí, ese aroma almizclado que me pone a mil. Gemí bajito, el clítoris hinchado rozando la tela. Corrí rápido, un orgasmo que me dejó temblando, piernas flojas.
Foto perfecta: mi coño depilado, abierto, reluciente de miel. Ayer me lo afeité en el baño, pensando en Paul… pero era por él, por Blackbird. Bajé las piernas justo cuando Nicolas entró. ‘Hola…’, tímido, pero notó mi rubor, mi respiración agitada. Me senté en la silla húmeda, el calor pegajoso contra mi piel desnuda. Él no dijo nada, pero yo ardía.
La tensión que me consumía
Otro mail: ‘Moja más la mancha. Sal del despacho dejando la silla a la vista. Que te vea’. Dios… Mi corazón latió fuerte. Deslicé la mano entre muslos, caricias suaves en el clítoris, sin mover el brazo. Chorros calientes salpicando el cojín otra vez. Me levanté despacio: ‘Voy al baño’. Dejé la silla expuesta, tacha brillante visible desde la puerta. En el pasillo, esperé, nerviosa. Pasé disimulando… ¡Lo vi! Acercó la cara, olió, ¡y lamió! Su lengua en mi jugo, probándome sin saberlo. Me apoyé en la pared, el coño palpitando, imaginando esa lengua en mis labios.
Volví, todo normal. Mail a Blackbird: ‘Lo pillé lamiendo mi lefa’. Respuesta: regalo y misión nueva. Colis llegó: bolas chinas. Pero eso después. Tarde, archivos del sótano. ‘Ayúdame a ordenar, Nicolas’. Bajamos, él cargado de carpetas, yo taconeando. En las estanterías, saqué la escalera. Subí alto, falda subiendo, piernas abiertas. Él delante, tieso, mirando el suelo.
‘Toma, pásame carpetas’. Se acercó, ojos subiendo… directo a mi coño liso, desnudo, labios hinchados brillando. Fingí no ver, pero mi piel ardía, jugos resbalando. Me apoyé en su hombro con el tacón, abriéndome más. Su aliento caliente subía, rozándome. Clítoris expuesto, ano asomando. Él rojo, fascinado.
El clímax brutal y el pacto
Bajé la vista: ‘¡Pero qué haces, pervertido! ¡Me estás mirando el coño!’. ‘E-eh, no… lo siento’. ‘¡Mentiroso! Dime qué has visto’. ‘Tu… tu coño sin bragas, el culo…’. ‘Baja los pantalones. Saca la polla’. Temblaba, pero obedeció. Polla fina, larga, dura como piedra, glande roja asomando.
‘Pájate. Me has visto, ahora yo disfruto’. Dudó: ‘P-pero…’. ‘O te corres ya o te denuncio’. Mano en la verga, pajeo rápido, jadeos roncos. Abrí piernas, le mostré todo. Su pija hinchada, venas pulsando, a centímetros de mi cara. Olía a macho excitado, sudor mezclado con mi aroma.
Se corrió de golpe. Leche caliente salpicando mis labios, mejillas, pegajosa, salada. ‘¡Joder, Nicolas! Limpia con la lengua’. Se acercó, lamió mi piel, lengua áspera recogiendo su semen. Pasó por mis labios, intentó besar… ¡Plas! Bofetón. ‘Ni lo sueñes. Ahora eres mío. Obedeces cuando yo diga, donde yo diga. ¿Entendido?’. ‘S-sí…’. Sonreí. Lo tenía.
Subimos, me lavé la cara. Abrí el paquete en el coche: bolas dentro, mi coño tragándolas fácil, vibrando con cada paso. Paul en casa, pero esta noche… Blackbird me espera. Estoy exhausta, feliz, el sabor de su corrida en la boca, el coño latiendo aún. Quiero más.