Confesión ardiente: mi psiquiatra me folló el coño en sesión

Hasta hace poco, me costaba un mundo abrirme sobre mi vida íntima. Pero esta experiencia con mi psiquiatra lo cambió todo. Terminé mis estudios en Ciencias Políticas, pero acabé en trabajos de mierda mal pagados. Me encanta ponerme vestidos coloridos y ajustados que marcan mis curvas. Soy una tía activa, con amigos everywhere, pero en la cama… bloqueos totales. Mi novio notaba que me evadía.

—¿En qué piensas cuando sonríes así? —me preguntaba.

La obsesión que me quemaba por dentro

Le inventaba excusas para no herirlo. Empecé terapia hace meses. Mi psiquiatra, una mujer de unos 50, con trenzas castañas y maquillaje sutil, me volvía loca. Pensaba en ella todo el día. Esperaba las sesiones como una puta en celo. Me arreglaba más, me depilaba el coño a fondo. Su calma me enloquecía. Ese día, cita a las 19h tras un curro eterno. En el ascensor, me miro en el espejo, me paso polvos, ajusto el pelo revuelto. Tengo que contárselo. En la sala de espera, sudaba. ¿Y si se cabrea?

Toca la puerta dos veces. Entra.

—Hola…

Sonrío nerviosa, recojo mis cosas y la sigo. Nos sentamos frente a frente, mesa baja de por medio. TiemBlo. Silencio pesado.

—¿Cómo estás?

—Bien… pero… eeeh… tengo que decirte algo. Me da vergüenza, pero… te afecta a ti.

Me mira con esos ojos dulces.

—¿Qué pasa?

—Creo que… estoy obsesionada contigo. Siento… deseo. Muy sexual. No aguanto más con mi novio.

Me sonrojo, voz de niña. Ella asiente.

—Es normal el transfert. ¿Cómo son esas obsesiones?

—Tengo calor… quiero tocarte, o que me toques. Me moja el coño pensarte.

Silencio. Sigo balbuceando que quizás deje la terapia. Ella se levanta, coge agua y un pastilla.

—Toma esto, te relaja. Libera la culpa.

Confío. Me la trago. Corazón a mil. Me explica que sentiré floteo, pero consciente. Llama al secretario.

—Paul, prepara la sala azul.

Efectos llegan: manos sudadas, cabeza nublada, coño palpitando. Curiosa y asustada. Paul entra, dice todo listo. Ella me guía por el pasillo. Entramos: paredes azules, silla ginecológica en medio, armario con juguetes, lavabo. Me tambaleo. Me sujeta.

—Tranquila.

Paul toca: llamada para ella. Me dice: quítate todo, ponte la bata blanca del taburete. Vuelve ya.

Sola. Todo gira, excitación brutal. Me desnudo: bragas empapadas de jugos. Me pongo la bata corta, se abre por delante. Me siento en la silla, respiro hondo. Dos golpes. Salto. Entra Paul, 50 tacos, sonriente.

—No te incomodes. La doctora me pide que te meta un supositorio.

El polvo intenso que me liberó

Guantes, vaselina. Me pide inclinarme sobre el lavabo. Obedezco, pulsiones mandan. Faldas arriba, mano en mi raja. Dedo lubrica mi ano, mete el supositorio profundo.

—Quieta, déjalo actuar.

Dedazo dentro, apretando. Puerta: ella entra.

—Perdón la espera.

No flipa con mi postura. Paul saca dedo, aprieta nalgas, palmadita. Me guía a la silla. Piernas en estribos, abre mis muslos.

—Relájate. Abre bien el coño.

Guantes puestos. Mira mi chocho dilatado por el supositorio.

—Paul, mira qué rápido actúa. Ya está jugosa.

Frío en vulva: vaselina. Me unta clítoris, mete dedos en coño. Masturba experta: lento, preciso. Paul abre bata, aprieta tetas, pellizca pezones duros. Sudor, olor a sexo húmedo, respiraciones cortas. Su piel tibia en mis muslos. No follan por lujuria, solo ‘terapia’. Me enciende más. Coño chorrea.

—Moullles mucho, bien. No corras, siente.

Paul pasa dilatador metálico, 5cm grueso. Entra lento, estira paredes vaginales. Gimo.

—Imagina tu novio… o quien sea —guiña.

Pero es ella. Efectos bajan, me tenso. Ella nota.

—Te ayudo. Líquido relax en culo.

Paul sujeta dilatador. Lubrica ano, un dedo, dos, tres. Estira. Canula fría entra. Líquido helado llena tripas. Me revuelvo, Paul me clava hombros.

—Quieta, relaja ano y coño.

Llena más. Masajea espalda, vientre. Miro abajo: clítoris hinchado, ano abierto, tetas tiesas, coño palpitante. Olor a vaselina y mi flujo. Respiración agitada.

—Bien… déjate ir… córrete.

Bola en barriga crece. Convulsiono, grito, chorro de orgasmo brutal. Cuerpo traquetea, jugos por silla. Ella saca todo, mirada neutra.

—Bravo. Confiaste, gozaste sin culpa.

Temblando, feliz exhausta. Me visto, ella agenda próxima. Salgo flotando, coño y ano recordando cada estirón, olor a sexo grabado. Cambió mi vida sexual para siempre.

Leave a Comment