Hmmm, tengo que confesártelo, me pone tan cachonda recordarlo… Estaba sentada en un banco del parque cerca de casa, el sol calentando mi piel, y mientras charlaba por teléfono contigo, metí la mano entre mis muslos. Ahí abajo ya ardía, ¿sabes? Mis dedos rozando el bulto de mi coño por encima del tanga, suave, insistente. ‘Joder, qué ganas de follar’, murmuré, la voz temblándome.
La gente pasaba a lo lejos, pero yo sola en ese rincón. Rodé el clítoris, sentí cómo la humedad empapaba la tela. ‘¿Te estás tocando ahí, en público?’, me picaste. ‘Sí… no puedo parar’, jadeé. Hablamos de ese tío del sitio de contactos, el que me habías recomendado. Dudaba, siempre con miedo a toparme con un conocido. Pero mi coño… mi coño gritaba sí. ‘Pregúntale a tu chochito’, reíste. Y lo hice. Contacté con él, voz ronca al teléfono, su acento me erizó la piel.
La chispa inicial y la tensión insoportable
Quedamos en un café junto al mar, tarde soleada. Llegué con falda ceñida, escote justo, piernas cruzadas bajo la mesa. Él, guapo, ojos fijos en mis rodillas finas, los tobillos con tiras de tacones. Nuestras piernas se rozaron, su rodilla contra mi muslo. Calor subiendo. Puse mi mano en su pierna, subiendo del knee a la cadera, piel firme bajo la tela. Él sonrió, cómplice. ‘¿Paseamos por la playa?’, propuso. Mi coño latió fuerte. Razón al carajo.
Llegamos a las dunas, arbustos altos ocultándonos. Le cogí la mano, luego su cadera rozó la mía. Se giró, espalda contra mí, empujando su culo redondo. Besé su cuello, salado de sudor, manos subiendo a sus tetas pequeñas, pezones duros. Los pellizqué, gimió bajito, ‘Mmm, sí…’. Sus manos atrás, abriendo mi braguette, sacando mi polla tiesa. La acarició lento, apretando el tronco, deslizando al glande. Olor a mar y a sexo empezando a mezclarse.
De repente, susurró: ‘Hay un tío mirándonos…’. Un cincuentón tras los arbustos, mano en la polla, pajeteándose. Pensé que huiría, pero no. Se volvió, lamió mi boca, chupó mi lengua. ‘¿Le damos espectáculo?’. Se agachó, lengua plana por mis huevos al glande, mamándome despacio, ojos al voyeur. Yo al borde, pero ella controlaba, parando justo. El tipo se acercó, mirada pidiendo permiso. ‘¿A tres? Me muero por polla’, dijo ella sin dudar, tragando mi glande entero.
El clímax brutal y el éxtasis sin frenos
Se masturbaba el coño mientras me chupaba, jugos chorreando por sus muslos. Se levantó, falda arriba, culo en pompa. ‘Fóllame’. Condón puesto, la embestí. Coño ardiendo, resbaladizo, apretándome la polla. Se inclinó, cogió la verga del voyeur y se la metió en la boca, mamando voraz. Yo la taladraba atrás, cachetes rebotando, sudor goteando. ‘¡Joder, qué puta!’, gemí. Él en su garganta, yo en su chocho empapado. Ritmo brutal, gemidos ahogados, arena crujiendo.
El voyeur tensó, ella sacó su polla y lo hizo correrse en sus manos, leche caliente chorreando dedos. Yo salí, quité el condón, eyaculé en sus nalgas, untando todo con la punta. Ella ronroneó, temblando, coño palpitando vacío. Nos vestimos rápido, risas nerviosas, piernas flojas.
Ahora, en casa, agotada pero feliz. Recuerdo su polla dura en mi boca, la tuya embistiéndome, el olor a corrida y sudor. Me toco pensando en repetir, coño aún sensible. Fue puro fuego, sin filtros. ¿Quieres detalles más sucios?