Ay, chicas, no sabéis lo que pasó en esa garden-party del jefe. Yo soy Nadia, la jefa de Recursos Humanos, siempre tan correcta por fuera, pero por dentro… una puta en celo. Estábamos en la mesa principal, el patrón con su mujer Milena, esa cincuentona elegante con piel de porcelana y curvas que matan. Y Alberto, el sindicalista, ese cabrón con la polla siempre tiesa.
De repente, vi cómo su mano bajaba por debajo de la mesa. La falda corta de Milena subía, sus muslos se abrían poco a poco. Ella intentaba apartarlo, eh… una vez, dos… pero él insistía, el muy hijo de puta. Sus ojos se vidriaron, la boca entreabierta, el pecho subiendo rápido. Yo lo pillé todo al agacharme por la servilleta. ¡Su mano dentro de las bragas, masturbándola! El olor a coño excitado flotaba sutil. Ella ahogó un gemido, se mordió la lengua de verdad. Me puse caliente al instante, el clítoris palpitando.
La tensión que me volvió loca
Luego, en la pista de baile, los vi escabullirse al cobertizo. Seguí, escondida entre los arbustos. ¡Joder! Milena con la falda colgada, desnuda, sentada en la mesa, piernas abiertas. Alberto, pantalones en los tobillos, culo peludo embistiendo. Plaf, plaf, el sonido de la piel chocando, su polla entrando y saliendo entera, brillante de jugos. Ella gimiendo bajito, mordiéndose la mano: ‘¡Más, joder, no pares!’. La volteó, la puso a cuatro patas. ‘Fóllame el culo, estoy muy abierta’. Él la penetró anal, fuerte, y ella se corrió gritando. Yo… me toqué dentro de las bragas, el calor subiendo, el coño chorreando. No aguantaba más, necesitaba polla ya.
Agarré a Fabio, mi amante secreto, en la pista. ‘Me voy, ven conmigo’. ‘¿Qué? Es pronto…’. ‘Quiero que me folles. Acabo de ver a la patrona comiéndosela’. Le conté todo al oído, bailando lento. Sentí su polla endurecerse contra mí, dura como piedra. Esperamos a que salieran, y corrimos al cobertizo, aún oliendo a sexo, el aire cargado de sudor y corrida.
La follada salvaje sin frenos
‘Siéntate en la mesa como ella’, gruñó Fabio, bajándome las bragas de un tirón. Me abrí de piernas, el coño húmedo expuesto. Me lamió primero, lengua en el clítoris, chupando fuerte. ‘¡Joder, qué rico!’. Luego se puso de pie, polla gorda, venosa, y me la clavó de un golpe. ‘¡Aaaah! Sí, fóllame duro’. Embestía como un animal, mis tetas botando, el sudor resbalando por mi espalda. Olía a sexo puro, su aliento caliente en mi cuello. ‘Ahora por detrás’, jadeé. Me giré, culos arriba. Escupió en mi ano, frotó la punta. ‘¿Quieres por el culo?’. ‘¡Sí, rómpemelo!’. Entró lento al principio, estirándome, duele-placer. Luego aceleró, plaf-plaf-plaf, mis nalgas temblando. ‘¡Me corro, puta!’. Grité, el orgasmo me sacudió, coño vacío pero culo lleno. Él sacó y me llenó la boca de leche caliente, espesa, tragándomela toda.
Caímos exhaustos, jadeando. Mi cuerpo temblaba, el culo ardiendo, jugos por los muslos. Fabio me besó, ‘Eres una guarra increíble’. Sonreí, el corazón latiendo fuerte, el recuerdo grabado: esa polla en mi culo, los gemidos, el riesgo. Salimos riendo bajito, como si nada. Pero dentro, ardía. Esa noche soñé con más, siempre quiero más. ¿Quién no?