Confesión: La telecommanda que me volvió una puta desatada en el Ibis

La luz dorada del atardecer se colaba por las cortinas de organza en la 211 del Ibis. El king-size con sábanas de satén blanco, rosas rojas oliendo fuerte, champán fresco en cubo de plata. Me miré en el espejo, ajustando la tira de mi vestido negro Saint Laurent que se me había bajado del hombro. Temblaba un poco. Esa tela ceñida marcaba mis tetas firmes, mi cintura fina, la abertura hasta medio muslo mostrando ligas negras y tacones que crujían en el parquet.

Julián, apoyado en el marco del baño, me comía con los ojos. Alto, hombros anchos, camisa blanca abierta sobre su pecho. ‘Estás… jodidamente increíble’, murmuró con voz ronca acercándose. Me sonrojé hasta las raíces del pelo, mordiéndome el labio. ‘¿No es demasiado?’, pregunté, mano en la cadera.

La chispa que encendió todo

Se puso detrás, su mano grande en mi cintura, dedos en la seda. ‘Perfecto. Justo lo que quería’. Beso en el cuello, bajo la oreja. Cerré los ojos, su aliento caliente me erizó la piel. Entonces, su maleta volcó y cayó una telecommanda plateada. La pillé, fría, pesada, luces azules y rojas, pantallita LCD parpadeando.

‘¿Qué coño es esto?’, pregunté. ‘Un regalito de Marcos, de Silicon Valley. Un estimulador de ambiente’, dijo él, dudando un segundo. ‘¿Probamos?’. Pulsó start. Un zumbido suave. Sentí un calor líquido en el vientre, pupilas dilatadas. Lo miré… diferente. Feroz. Caminé hacia él, tacones marcando ritmo. Mano en su pecho, músculos duros. ‘Siempre me han flipado tus hombros’, susurré ronca, desabrochando botones.

Me besó voraz, pierna en su cadera, mostrando mi tanga de encaje. Agarró mi culo firme. ‘Joder, Marta… ¿qué te ha hecho?’. ‘Recordarme cuánto te quiero follar’. Lo empujé al cama.

Sus dedos en mis botones, camisa al suelo. Cinturón clic, pantalón abajo, boxer tenso con su polla dura. Me arrodillé, crujido de ligas. ‘Mírame’. Lo tumbé, jugué con el elástico. ‘¿Quieres más?’. Bajé el boxer, polla saltando, húmeda. Palma en el glande, puño en la base. Vaivén lento, pulgar en la cabeza. ‘Así… como te gusta’. Aceleré, sus caderas subiendo, gemidos. Paré. ‘No aún’.

La telecommanda vibró: ‘Llama a 152’. Marqué, ojos en Julián. ‘¿Hola? Soy Marta, 211. ¿Venís a un trago?’. ‘En cinco’. Volví a su polla, gimiendo él.

Llamaron. Abrí, Julián en boxer, polla tiesa. Fabiana, curvas en seda roja; Marcos, fornido, camisa desabotonada. ‘Ya habéis empezado’, dijo él, ojos en mi abertura. Deslicé tira. ‘Queda mucho por ver’.

Fabiana vio la telecommanda. ‘Nuestro juguetito’. ‘¿Vuestro?’, preguntó Julián. ‘Desinhibe barreras mentales’, explicó Marcos pulsando. Calor nuevo. Fabiana dedo en mi clavícula. ‘¿Hasta dónde?’. Pulsó 2. Marc atrás, manos en hombros. Fabiana quitó tiras, cremallera abajo, vestido al suelo. En sujetador, ligas, medias.

El clímax brutal y el aftermath ardiente

Fabiana arrodillada, subiendo muslos, quitando medias, chasquido. Marc desabrochó sujetador, tetas libres, pezones duros. Uñas en el tanga. ‘¿Esto también?’. ‘Sí’. Culotte abajo, coño mojado. Julián gruñó.

‘Tú primero’, dijo Fabiana tumbándome, piernas abiertas. Boca en cuello, bajando… lengua en mi coño, chupando clítoris, dedos dentro. ‘Mira cómo te folla tu marido’, a Julián entre piernas de Marc, mano en su polla bombeando.

Pulsó más. Buzz. Todo explotó en deseo crudo.

Fabiana me lamió voraz, yo arqueada, ‘¡Joder, sí!’. Dos dedos en mi coño empapado, pulgar en clítoris. Grité. Marc metió polla gorda en boca de Julián, ‘Chupa, cabrón’. Julián tragando, gemidos ahogados. Yo agarré tetas de Fabiana, pellizcando pezones. ‘Fóllame con la lengua’. Ella aceleró, yo corrí, chorro en su cara.

Cambié: boca en polla de Julián, salada, dura. Marc me folló el coño desde atrás, embestidas brutales, ‘¡Qué apretado tu coño!’. Fabiana en cara de Julián, él lamiéndole. Sudor, olores a sexo, pollas duras, coños chorreando. Me corrí otra vez, ‘¡Me vengo, hostia!’.

La telecommanda chisporroteó, humo. ‘¡Va a explotar!’. Cuenta atrás. Fabiana: ‘Nos ha impreso deseos’. Calor persistía. 00:05… La metí en cubo champán. ¡Pum! Silencio.

Agotados, pieles pegajosas, risas. ‘Bien jugado’. A la aurora, números. En ascensor, Julián me besó feroz. ‘¿Repetimos sin gadget?’. Sonreí, coño aún palpitando. Aquella noche cambió todo. Recuerdo su polla en mi boca, lenguas en mi clítoris… y quiero más.

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