Dios, ¿quién entiende esa atracción que te golpea de repente? Estaba en ese congreso aburrido, lejos de casa, de mi marido y los niños. Hoteles impersonales, gente que no ves dos veces. Fumo un Marlboro en el porche del hotel antes de la primera charla. Él sale, me ve, sonríe. Le ofrezco un cigarro, aunque no fuma. Badges en el pecho: soy Nelly, él… no importa el nombre. Hablamos, nos reímos. Pelo gris en las sienes, cincuenta y pico, pero guapo, fuerte. Nos sentamos juntos en la sala, roces inocentes de rodillas.
La sesión acaba, vamos al bar. Charla tonta, pero el aire se carga. Sus ojos en mi escote, mi mano en su brazo. Subimos en el ascensor. Mi habitación en el quinto, la suya en el séptimo. Se para, me da la mano… la agarro por el cuello, tiro de él. ‘Ven’, le digo con la voz ronca. Nuestros labios chocan, lenguas revueltas, húmedas. Puerta del ascensor casi cierra, meto el pie. En el pasillo, tropezamos, mi espalda contra la pared. Su aliento caliente en mi cuello, olor a colonia y deseo. Saco la llave temblando, lo arrastro dentro. La razón… puff, voló por la ventana.
La chispa inicial y la tensión que estalla
Adentro, pierdo el control. Me arranca el vestido, bretela vieja del sujetador al suelo. Sus manos everywhere, aprieta mis tetas pequeñas, chupa mis pezones duros. Huele a sudor fresco, piel caliente. Caigo en la cama, él encima. ‘No tengo condón’, murmura. ‘Me da igual, fóllame ya’, gimo. Su polla dura entra de un empujón en mi coño mojado. Misiónero brutal: embiste fuerte, yo clavo uñas en su espalda, talones en sus nalgas. ‘¡Sí, joder, más!’, grito. Me corro primero, coño apretando su verga, ojos en blanco, grito ahogado. Él sigue, sudados, pegajosos de jugos. Calor asfixiante en la habitación.
‘Peso mucho, ¿no?’, jadea él. ‘Ducha, vamos’. Bajo el agua tibia, jabonazos mutuos. Le enjabono el pecho, bajo a su polla semi. Él mis tetas, mi culo. Me arrodillo, meto dedo jabonoso en su ano, masajeo próstata. Le chupo la verga entera, garganta profunda. Gime, agarra mi pelo mojado. Se corre violento, chorros calientes que trago. Agua cayendo, besos largos, su boca limpia. Secos a medias, al cama. Lo ato con pañuelos: manos y pies al cabecero. ‘Serás mi juguete’, susurro. ‘Diré cuándo corres’. Se ríe, besa mi oreja.
El clímax brutal y el contrecoup feliz
Me siento en su cara, coño en su boca. Lame voraz: clítoris, labios, dentro. Mouillé de ducha y excitación, sabroso neutro. Gimo, muevo caderas. Cambio: lamo sus huevos, perineo, dedo en culo. Polla revive, dura como piedra. 69 invertido, mi ano en su lengua mientras yo sorbo su glande. Lo torturo: caricias leves, pellizcos, me masturbo delante. Él atado, frustrado, polla violeta hinchada. Me corro dos veces en su boca, cyprine chorreando. Finalmente, monto su polla: coño lubricado, subo bajo lento. No se corre aún. Luego, giro, empalo ano: aprieta esfínter, resbaladizo de saliva y fluidos. Reboto, él explota dentro, semen caliente mezclándose con todo.
Me deshago los nudos, ducha rápida. Él tambalea al salir. Pasamos el congreso juntos, miradas cómplices, pero no repetimos. Cansancio dulce, coño dolorido, recuerdo quemando. Ojalá vuelva a pasar… uf, qué noche.