Confesión: Mi polvo brutal en los baños del restaurante con mi ex

¡Ay, chicas, no os lo vais a creer! Anoche salí con mi papi azucarero, Henri, ese cincuentón con pasta que me paga todo. Llevaba mi vestido rojo ceñido, tetas al aire casi, y el tanga que apenas tapa mi coño depilado. El sitio era un restaurante de lujo, luces tenues, copas de cristal… y de repente, ¡zas! El camarero que me sirve es Greg, mi ex, ese cabrón infiel que me dejó tirada hace meses.

Sus ojos negros me clavan cuando se acerca. ‘¿Qué desea la señorita?’, dice con esa voz ronca, mirándome las tetas como si quisiera comérmelas. Siento un calor en el vientre, el coño se me moja solo de verlo. Henri ni se entera, pide foie y maridajes caros. Yo sonrío falsa, pero por dentro ardo. Greg roza mi mano al darme la copa, su piel áspera me eriza la piel. ‘¿Sigues tan dulce?’, susurra bajito. Joder, mi clítoris palpita. Le digo que no con la cabeza, pero cruzo las piernas para apretar el calor.

La chispa que enciende el fuego

La cena pasa lenta, torturante. Cada vez que Greg pasa, su mirada me folla. Huelo su colonia mezclada con sudor, me acuerdo de su polla dura entrando en mí. Henri me pone la mano en el muslo, pero es floja, predecible. Yo quiero salvajismo. ‘¿Me acompañas al baño?’, le digo a Greg cuando Henri va a pagar. Él asiente, ojos en llamas. Corro al baño de minus, cierro la puerta. Ahí está, pegado a mí. ‘Alicia, joder, te como viva’, gruñe. Nuestras bocas chocan, lenguas salvajes, saliva caliente. Sus manos bajo mi vestido, aprieta mi culo. ‘Estás empapada, puta’, dice mordiéndome el cuello. La razón se va a la mierda, solo deseo su verga.

Me gira contra el lavabo, sube mi vestido. Baja mi tanga de un tirón, el aire fresco en mi coño chorreante. ‘Mira cómo te has puesto por mí’, ríe. Se arrodilla, mete la lengua en mi raja, lame mi clítoris hinchado. Gimo fuerte, ‘¡Sí, lame mi coño, cabrón!’. Chupa jugos, mete dos dedos, me folla con ellos rápido. Mi coño aprieta, huelo mi sexo, ese olor almizclado que me vuelve loca. Me levanto el vestido del todo, tetas fuera. Él se pone de pie, saca su polla gorda, venosa, ya tiesa como una barra. ‘Chúpamela’, ordena. Me arrodillo, la meto en boca, chupo hasta la garganta, bolas en la mano. Él gime, ‘Joder, qué boca, puta mía’.

El clímax sin frenos y el dulce agotamiento

Me pone de pie, me abre las piernas. ‘Te voy a follar como una perra’. Empuja su polla de un golpe en mi coño. ¡Ay! Llena, duele rico. Me embiste fuerte, cachetes contra mi culo, plaf plaf. ‘¡Más duro, rómpeme el coño!’, grito. Él me agarra las tetas, pellizca pezones. Sudor nos pega, aliento corto en mi oreja. Cambio, me sube al lavabo, piernas abiertas. Entra otra vez, me folla profundo, clítoris rozando su pubis. ‘Me corro, joder’, jadea. Siento su leche caliente llenándome, mi orgasmo explota, coño convulsionando, jugos por sus muslos. Gemidos ahogados, miedo a que nos pillen.

Caemos exhaustos, él sale, semen chorrea por mi pierna. Me limpio rápido con papel, olor a sexo impregnado. Sonrío al espejo, mejillas rojas, labios hinchados. Salgo digna, vuelvo a la mesa. Henri ni nota nada. Greg me guiña ojo al servir postre. Ahora en casa, piernas flojas, coño dolorido y feliz. Ese polvo brutal, su polla en mi boca y coño… lo revivo y me masturbo otra vez. ¡Vivo mis deseos al 100%, chicas!

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