Estaba sola en mi pequeño estudio, bajo las sábanas, con la tele zumbando estupideces. El portátil en las rodillas, releyendo nuestras locuras del otro día con las chicas. Kathleen en París, las demás lejos. Me sentía vacía, cachonda, recordando cómo nos habíamos tocado, cómo el placer había fluido entre nosotras. Mi coño palpitaba solo de pensarlo. Quería revivirlo, escribir algo sucio para ellas.
De repente, timbres insistentes. Miro por la mirilla: ¡Kisha! Mi Kisha de piel caramelo, la dulce que se dejó follar en nuestra sesión. Abro rápido, la abrazo fuerte. Su chaqueta fría contra mi piel desnuda, su olor a vainilla y sudor leve. ‘¡Cierra la puerta, tonta, vas en pelotas!’, ríe ella. Nos reímos, café en mano, le cuento mi idea de historia. Se quita el vaquero, se mete en la cama conmigo. Calor de su muslo contra el mío. Le muestro el texto: una compañera en la oficina, miradas calientes, ducha compartida…
La chispa que enciende el fuego
Ella apoya la cabeza en mi hombro, su aliento corto en mi cuello. ‘Me gusta, sigue’, murmura. Escribo de Isabelle, su coño depilado reluciente bajo el agua, sus nalgas firmes. Kisha se pega más, su mano roza mi vientre. Siento su pezón duro contra mi brazo. Mi coño se moja, huelo mi propia excitación, ese aroma almizclado que me vuelve loca. Froto los muslos, disimulo. Ella lo nota, besa mi hombro. ‘¿Te excita escribirlo?’, susurra. La tensión crece, el aire espeso. Quiero parar, pero no puedo. Su mano sube, roza mi teta. Razón al carajo.
Ya no escribo. Kisha me gira, sus labios en los míos, lengua ansiosa, saliva mezclada. ‘Quítate la camiseta’, gimo yo. Sus tetas pequeñas, oscuras, perfectas. Chupo un pezón, duro como piedra, ella jadea: ‘¡Sí, así!’. Sus dedos bajan, encuentran mi coño empapado. ‘Estás chorreando, puta’, dice riendo, metiendo dos dedos. Grito, arqueo la espalda. El calor de su piel, su sudor salado en mi boca. Le bajo las bragas, su coño liso, hinchado, olor fuerte a sexo. ‘Ráspame’, le pido, como en la historia.
El clímax brutal y sin filtros
Coge la maquinilla, sus dedos calientes separan mis labios. El rasurador vibra, frío al principio, luego mi clítoris late. ‘Mira qué bonito, todo suave’, dice, pasando la lengua. Me corro ya, chorros de placer, piernas temblando. La tumbo, entierro la cara en su coño. Sabe a miel salada, chupo su clítoris hinchado, meto la lengua dentro, follo su agujero con ella. ‘¡Joder, no pares, lame mi coño!’, grita ella, clavándome las uñas. Sus caderas me follan la boca, jugos en mi barbilla. Le meto dedos, tres, la follo duro mientras muerdo su clítoris. Explota, grita mi nombre, me inunda la cara.
Yo sigo, ella me come el coño ahora, lengua profunda, dedos en mi culo. ‘Tu coño es mío’, gruñe. Me corro otra vez, visión borrosa, cuerpo convulso. Nos frotamos coños, clítoris contra clítoris, sudorosas, resbaladizas. ‘¡Fóllame más!’, suplico. Orgasmo final, brutal, nos corremos juntas, chillando.
Ahora, agotadas, jadeantes. Nos abrazamos, piel pegajosa, olor a sexo por todas partes. Su cabeza en mi pecho, mi mano en su culo suave. ‘Ha sido… increíble’, murmura ella, besándome flojo. Yo sonrío, feliz, el cuerpo pesado de placer. Recuerdo cada lamida, cada dedo, el sabor de su coño en mi lengua. Quiero más, siempre más. Esto es vivir de verdad.