Confesión ardiente: El vaudú que me hizo correrme como nunca

Ay, chicas, no sabéis lo que me pasó hace unos días en esa isla perdida. Mi amor, Cati, estaba hecha mierda. Dos días en la cama, sin hablar, sin esa mirada que me volvía loca cuando nos follábamos. Sus ojos… apagados. Yo la quería con toda el alma, pero su coño y el mío gritaban por atención. Me moría de ganas, el cuerpo me ardía.

Suspiré fuerte. No podía más. Llamé a Marco, ese chaval moreno que me la mete tan bien. ‘Ven, pero no para follar ahora’, le dije. Entró, vio las tetas redondas de Cati asomando bajo las sábanas y se puso rojo. Reí bajito. Le conté lo de Cati, deprimida por tantas movidas. Él dudó, miró al techo. ‘Aquí tenemos tradiciones… para el alma enferma. Pero mejor un médico del continente’. Negué con la cabeza. ‘Nada de psiquiatras, joder. Eso no arregla el fuego dentro’.

La chispa que encendió el infierno

Se puso nervioso, el pobre. ‘Hablamos luego en la playa’. Me dejó con un beso suave. Me tumbé al lado de Cati, el tam-tam lejano retumbaba. Ritmo rápido, hipnótico. Mi piel se erizó. La mano en su pelo… y de repente, mis tetas se pusieron duras. El pulgar rozando mi pezón. Uff… placer agudo. Gemí suave. Bajé la mano, palpé mi coño a través del slip. Húmedo ya. Me metí dentro, dedos resbalando en mi jugo. Imaginé manos por todo mi cuerpo. El tam-tam aceleraba mi pulso. Orgasmo brutal, sola. Sudada, temblando. Probé mi miel en los dedos. Miedo y ganas a partes iguales.

No aguanté más. Salí a la playa, bikini azul, pareo. Sol calentando mi piel. Oí una risa… ojos verdes hipnóticos. Ella, Aurelia, con bikini rojo. Nos miramos fijo. Se levantó, fue a las duchas. La seguí. ‘¿Quién eres?’, suave. ‘María’. Se acercó. ‘Aurélia. Eres… preciosa’. La besé la mejilla. Dudó. ‘Estoy casada…’. Pero yo bajé la mano a su teta. Tembló. Nos pegamos, lenguas salvajes. Pareo al suelo, chemisa fuera. Nuestros coños frotándose. Tetazas libres, rozando duras.

El clímax brutal y el éxtasis final

La giré contra la pared. Le chupé la espalda, cuello. Mano en su coño empapado. ‘¡Ahh!’, gritó. Dedo dentro, caliente, resbaladizo. Se arqueó. Yo también chorrea. Me arrodillé, le arranqué el bikini. Lengua en su clítoris hinchado, sabor salado-musgoso. Ella jadeaba, ‘¡Joder, primera vez con una tía!’. Me metí dos dedos en mi coño mientras la lamía. Agua cayendo, cuerpos ardiendo. 69 en el suelo mojado. Su lengua torpe pero ansiosa en mi raja. Nos corrimos juntas, gritando, piernas temblando.

Luego Marco en la playa. Noche, falda blanca. ‘Magia vaudú, Sara te ayudará’. Le besé, bajé a su polla dura. La mamé, salada de sudor. Él me comió el coño contra un árbol, lengua profunda. Me folló de pie, luego en la arena. Su leche en mi vientre. Dormimos abrazados.

Al día siguiente, casa de Sara. Baño con hierbas, olor dulce-tabaco. Me lavó, manos suaves en mis tetas, culo. Ron fuerte, cabeza gira. Cama con velas. Tam-tams fuertes. Calor insoportable. Peso en el cuerpo. Mi coño explotando, jugos chorreando. Manos en tetas, pellizcando pezones. Dedos en mi coño, tres dentro, follando duro. ‘¡Aaaah!’, grité. Uñas en muslos, arañazos. Orgasmo demoníaco, chorro interminable. Voz de Sara en mi cabeza. Desperté exhausta, feliz. Recuerdo el olor a sexo, el pulso en mi clítoris. Cati volverá. Yo… renací en fuego.

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