Ay, chicas, aún me tiemblan las piernas al recordarlo. Soy Egantina, una española en París, abierta a todo lo que huela a sexo. El lunes pasado, encontré una nota bajo mi puerta de mi vecino Francis. ‘Cena romántica esta noche’, decía. Sonreí, ese tipo siempre me ha mirado con hambre. Preparé mi vestido negro ajustado, que marca mis tetas y mi culo perfecto.
Llego a su piso, sueno el timbre. Abre él, guapísimo con esa cara de Pierre Richard, rapado al cero. Pero antes de decir hola, ¡zas! Ahí está ella, Jeannine, su secretaria, una tía andrógina, fea como un demonio, con barba y labios pintados como payaso. ‘¡Francis es maricón!’, grita ella. Yo, rápida, le sigo el juego: ‘Sí, somos de la comunidad, yo lesbiana’. La pobre se pone verde, huele el humo de la cocina, y al final se larga llorando. Cierro la puerta, miro a Francis… uf, sus ojos queman.
La chispa que encendió el fuego
Nos sentamos en el sofá, vino en mano. ‘Gracias por salvarme’, dice él, rozándome la pierna. Su mano sube, roza mi muslo. ‘Egantina, desde el finde soy otro… te deseo tanto’. Intento bromear: ‘Yo no me acuesto con tíos’. Pero su aliento en mi cuello… joder, mi coño ya palpita. Me besa la mano, el hombro, lame mi oreja. ‘No mientas, te excitas’. Mi respiración se acelera, pezones duros contra el vestido. Lo empujo suave: ‘Para…’. Pero él me agarra la cintura, me pega a su polla tiesa. Siento su calor, su dureza. La razón se va a la mierda. ‘Fóllame ya’, gimo.
Me arrastra al sofá, rasga mi vestido. Sus manos en mis tetas, pellizca pezones. ‘Qué ricas, puta’. Bajo su pantalón, su polla salta, gorda, venosa, cabezona roja. La chupo ansiosa, saliva chorreando, bolas en mi boca. ‘Joder, qué boca de zorra’. Me pone a cuatro, olfatea mi coño: ‘Hueles a puta en celo’. Me lame el clítoris, lengua dentro, chupa mis jugos. Grito: ‘¡Más, cabrón!’. Me mete dos dedos, me folla con ellos, chapoteo húmedo.
El clímax brutal y el éxtasis posterior
Se pone detrás, polla en mi entrada. ‘Te voy a partir, española caliente’. Empuja, llena mi coño hasta el fondo. ¡Ay, Dios! Dolor-placer brutal. Me folla como animal, cachetazos en culo, pelo tirado. ‘¡Toma polla, puta!’. Yo empujo contra él: ‘¡Más fuerte, rómpeme!’. Sudor mezclado, olor a sexo denso, su aliento corto en mi espalda. Cambia posición, me monta, tetas rebotando. Me come la boca, saliva compartida. ‘Me corro…’. ‘¡Dentro, lléname de leche!’. Explota, chorros calientes inundándome, yo tiemblo en orgasmo, coño apretando su polla.
Caemos exhaustos, pegados, sudor frío ahora. Su cabeza en mis tetas, respira hondo. ‘Ha sido… increíble’, murmura. Yo acaricio su pelo rapado, siento su semen goteando de mi coño. Cansancio feliz, músculos flojos, sonrisa tonta. ‘Volveremos a follar, ¿verdad?’. Él asiente, besa mi piel salada. Aún huelo su polla en mi aliento, siento el estiramiento en mi coño. Mañana duele, pero qué dulce recuerdo. Deseo puro, sin tabúes. ¿Quién necesita razón cuando el cuerpo manda?