La amiga de mi ex: una follada salvaje que no olvidaré

Acabo de salir de la cárcel después de tres putos años. El sol quema, el aire pesa con polvo y sudor. Camino horas hasta el barrio, ese laberinto de ladrillos sucios y calles rotas. Llego al piso de Salma, mi amor perdido. Toco fuerte. ‘¡Salma, soy yo!’. Una voz responde, no es la suya. ‘¿Qué quieres?’. Insisto. Abre Fátima, la amiga de Salma del bar. Está envuelta en una sábana, el pelo revuelto, ojos somnolientos. Me mira fijo, como reconociéndome. ‘Eres tú… Pasa’. El sitio huele fresco, limpio. Nada que ver con el desorden de Salma, ceniceros llenos y ropa tirada.

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Me da agua, fruta. Hablamos. Salma se mudó hace un año, no sabe nada de ella. Yo, exhausto, me hundo en el sofá. Fátima va a cambiarse. Vuelve con una bata floreada que se pega a sus curvas. ‘¿Trabajas cerca?’, pregunto. ‘Cajera en una tienda, de tarde’. Fuma conmigo. Sus piernas se cruzan, vislumbro su braga. El corazón me late fuerte. Tres años sin tocar a nadie. Mi polla se despierta en los pantalones.

La tensión que estalla

Días pasan buscando a Salma. Nada. Fátima me deja quedarme. Una noche, casi medianoche, llega cansada. ‘¿Novedades?’. La ayudo con las bolsas. Se cambia, sale perfumada, labios rojos brillantes. Pasa por delante, sonríe con ojos que queman. Sus caderas se mueven… Joder, la deseo. Cenamos escalope y ensalada. Fumamos. Le cuento lo de Salma. Ríe. Pone la tele, el culebrón turco. Me mira de reojo. Mi polla se pone dura como piedra. Muevo las caderas, incómodo. Ella lo pilla, ríe. ‘¿Pensando en Salma?’. ‘No… en ti’. Silencio. ‘¿Te pongo?’. ‘Sí’. ‘Dime qué soy’. ‘Guapa… jodidamente sexy’. Cierra los ojos. ‘Bésame’.

Me acerco. Nuestros labios rozan. Ella me agarra, mete la lengua. Caliente, jadeante. Su pecho sube y baja contra mí. Desliza al suelo, abre mi cremallera. Su boca envuelve mi polla. Calor húmedo, lengua juguetona. La miro, sonríe con la boca llena. Empujo, follo su garganta. No aguanto, exploto. Leche caliente en su boca, ella traga todo, sorbiendo.

El clímax brutal y el dulce agotamiento

‘Tres años…’. Se acurruca en mi pecho. Fumamos. Me arrastra a la cama. Se quita la bata: tetas firmes, pezones duros, coño con pelito negro. Me baja el pantalón, mama mi polla hasta el fondo. Dura de nuevo. ‘Ven, enróllame las piernas’. La levanto fácil, fuerte como estoy. Su coño mojado resbala en mi verga. Empujo adentro. ‘¡Mmm, qué grande!’. Se agarra a mi cuello, rebota. La aprieto contra la pared. Piernas alrededor de mi cintura. Sus tetas sudadas saltan con cada embestida. ‘¡Fóllame fuerte, cabrón! ¡Soy tu puta!’. ‘¡Puta caliente, toma polla!’. El muro tiembla. Su coño aprieta, chorreando jugos. ‘¡Me corro! ¡Lléname de leche!’. No aguanto. Chorros potentes dentro, su cuerpo tiembla en orgasmo mudo, boca abierta.

Deslizamos al suelo. Agotados, sudados, olor a sexo fuerte. Se pega a mí, cabeza en mi pecho. Mi polla aún gotea. La lame limpia, tierna. Dormimos abrazados. Al despertar, ella ya no está. Me ducho, fumo. Fue brutal, perfecto. Pienso en Salma, un pinchazo… pero el recuerdo de su coño apretado, sus gemidos… quema delicioso. Quiero más.

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