Confesión ardiente: cómo un italiano me folló hasta perder el control

Ay, chicas, no sé por dónde empezar. Soy Melanie, treinta años, madre soltera, recepcionista en una empresa tech en París. Abierta al sexo como pocas, vivo mis deseos sin frenos. Esto me pasó hace unos días, aún siento el calor en la piel. Llegó él, Luigi, un italiano de esos que te miran y ya te mojas. Moreno, no muy alto, con esa elegancia latina, camisa ajustada marcando pecho. Vino por un contrato grande. Me miró el culo mientras lo llevaba a la sala de reuniones. ‘Bellísima’, me dijo en el ascensor, con voz ronca. Sonreí, sentí un cosquilleo.

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El jefe, François, un tipo serio, cincuentón, me llamó después. ‘Luigi quiere que vengas a cenar esta noche. Es por el negocio’. Dudé, pero el sueldo aprieta. ‘Vale, pero no prometo nada’. Fui a su casa a cambiarme, porque mi armario es de HLM. Su hija gótica nos pilló casi en pelotas, riendo. Él nervioso, yo excitada. La tensión crecía. En el coche, su mano rozó mi muslo. ‘Eres deliciosa’, murmuró. Mi coño palpitaba. Llegamos al restaurante, vino caro, miradas calientes. Bajo la mesa, su pie subía por mi pierna. Sudaba, el aire olía a deseo. ‘No aguanto más’, le dije bajito. Él sonrió, ojos negros ardiendo.

La chispa que encendió el fuego

De vuelta, en su hotel. La puerta se cerró, y bum. La razón saltó por la ventana. Me empujó contra la pared, labios devorándome. lengua dentro, salivas mezcladas. Manos por todas partes. ‘Quiero follarte ya’, gruñó. Le arranqué la camisa, pezones duros. Bajé la cremallera, su polla saltó, gruesa, venosa, goteando precum. ‘Joder, qué pedazo’, jadeé. La olía, a macho puro. La razón… ¿qué razón? Solo deseo brutal.

Explosión de placer sin límites

Me tiró en la cama, rasgó mi vestido. Culotte empapada, la apartó. Dedos en mi coño, chorreando. ‘Estás inundada, puta caliente’. Gemí, arqueándome. Me abrió las piernas, lengua en mi clítoris, lamiendo jugos. ‘¡Sí, chúpame!’. Dos dedos dentro, curvados, tocando el punto G. Explosión, squirt en su boca. Él riendo, polla tiesa. ‘Ahora te la meto toda’. Me puso a cuatro patas, nalgas arriba. Golpeó mi culo, roja. Entró de un empujón, polla abriéndome, dolor-placer. ‘¡Fóllame fuerte, Luigi!’. Embestidas salvajes, huevos chocando, sudor goteando. Olía a sexo, coño mojado, polla sudada. Me agarró el pelo, tirando. ‘Eres mi zorra’. Cambiamos, yo encima, cabalgando, tetas botando. Le clavé uñas, mordí su cuello. ‘Córrete dentro, lléname’. Rugió, polla hinchándose, chorros calientes inundándome el útero. Lechita saliendo, mezclada con mis jugos.

Caímos exhaustos, cuerpos pegajosos. Sudor enfriándose, respiraciones cortas. Me besó suave, ‘Increíble’. Sonreí, coño palpitando aún, lleno de su semen. ‘Nunca follé así’. Abrazados, olor a sexo impregnado. Mañana, el contrato firmado, pero yo… recuerdo su polla dura, el éxtasis. Fatiga feliz, piernas temblando. Quiero más. ¿Quién no?

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