La noche caía sobre Hong Kong como una puta pesada. Acababa de reventar las bolas de ese violador hijo de puta en la calle. Dos tiros en la verga, dos en la panza. Sangre por todos lados. Corrí, me perdí en la multitud. El metro me llevó al hotel, el mismo ritual de siempre. Daniel me esperaba en el lobby, con esa mirada que me pone cachonda al instante.
Lo vi levantarse, alto, fuerte. Mi coño ya palpitaba. Caminamos al ascensor sin hablar. Parecíamos enfadados, pero joder, la tensión era brutal. Sus ojos me devoraban. Entramos solos. Pum, las puertas se cerraron. No aguanté. Me lancé sobre él, lo pegué a la pared. Sus manos en mi culo, apretando fuerte. ‘Yau…’, murmuró, con la voz ronca. Nuestras bocas chocaron, lenguas enredadas, saliva caliente. Olía a su colonia mezclada con mi sudor post-misión.
La Tensión que Me Quema Por Dentro
Bajó la mano por mi pantalón, frotando mi raja a través de la tela. ‘Joder, estás empapada’, gruñó. Gemí, mordiéndole el labio. Subió el suéter, pellizcó mis tetas duras. El ascensor subía lento, como torturándonos. Mi clítoris latía, quería su polla ya. ‘Te necesito dentro, Daniel. Ahora’. Él jadeaba, aliento corto en mi cuello. La razón se iba a la mierda, solo quedaba el fuego.
Llegamos al piso. Corrimos al cuarto. Clave en la puerta, entramos. Me arrancó el abrigo, el suéter. Quedé en sujetador, tetas hinchadas. Me besó el cuello, mordisqueando. ‘Eres una diosa’, dijo. Yo temblaba, piel ardiendo. Se arrodilló, desabrochó mis pantalones. Lentito, besando mis muslos. La braguita blanca chorreaba. La olfateó, ‘Hueles a sexo puro’. La apartó, lengua en mi coño. Lamía despacio, chupando el clítoris. ‘¡Ay, sí! Más fuerte…’. Mis piernas flojas, me sujetaba de su pelo.
Follada Brutal Sin Filtros
Lo empujé al bed. Le bajé el pantalón. Su polla saltó, dura como piedra, venas hinchadas, prepucio atrás. La olí, olor a macho. La lamí desde las bolas, pesadas y llenas. Chupé el glande, salado. ‘Joder, Yau, tu boca…’. Lo tragué entero, garganta profunda. Él gemía, caderas arriba. Saliva por todos lados, babas en sus huevos. No aguanté más. Me subí encima, coño abierto sobre su verga. Bajé de golpe. ‘¡Fuuuck!’. Lleno total, estirándome.
Cabalgaba salvaje, tetas rebotando. Él agarraba mis caderas, clavándome más hondo. ‘¡Fóllame duro!’. Sudor goteando, pieles chocando, slap-slap. Cambiamos, él arriba. Me abrió las piernas, polla embistiendo como pistón. ‘Tu coño aprieta tanto…’. Gemía yo, uñas en su espalda. ‘¡Más, rómpeme!’. Olía a sexo, a fluidos mezclados. Me corrí primero, chorros calientes, cuerpo convulsionando. ‘¡Me vengo! ¡Sííí!’. Él siguió, bestia, hasta explotar dentro. Semen caliente inundándome, goteando.
Caímos exhaustos. Sudor fríos, respiraciones agitadas. Me quedé quieta, su polla aún en mí, palpitando. La sacamos, semen saliendo, mezclado con mis jugos. Besos suaves ahora, lentos. ‘Eres increíble’, susurró. Sonreí, cuerpo feliz, músculos flojos. Me duché después, agua quemando la piel sensible. Lo miré dormir, guapo y ajeno a mi vida de sangre. Besé su frente, me vestí. Salí a la noche, coño dolorido pero satisfecho. Ese polvo… lo llevo grabado, el calor, los gritos, el olor. Aún me mojo recordándolo.