Trabajaba en esa tiendecita de barrio, ordenando cajas en el almacén. Un sábado, entró él, Rémi, el nuevo. Alto, con esa mirada dura pero un sonrisa que me hacía temblar las rodillas. ‘Hola, ¿qué buscas?’, me dijo con voz grave. Olía a tabaco y hombre. Le pasé el papel con la lista. Nuestras manos se rozaron. Joder, un calor me subió por el vientre. ‘Aquí está’, le dije, mordiéndome el labio sin querer.
Los sábados siguientes, el flirteo creció. Él me ayudaba con las cajas, se acercaba demasiado. Su aliento en mi cuello cuando me pasaba algo de estante alto. ‘¿Te llevo a casa?’, me propuso un día. Vivía cerca, en Hochelaga. Subí a su Chevy vieja, banquetas anchas, él tan cerca. El motor rugió, y yo sentía su muslo contra el mío. ‘¿Tienes hambre?’, preguntó. Terminamos en un diner cutre, comiendo club sandwich, riendo. Sus ojos me devoraban. ‘Eres preciosa’, murmuró, rozando mi mano. Mi coño palpitaba ya.
La chispa que enciende el fuego
Otro martes, salimos al billar. Jugamos, él me provocaba. ‘Tramposa’, le dije, empujándolo. Se rio, me acorraló contra la mesa. Su cuerpo pegado al mío, polla dura contra mi cadera. ‘No aguanto más’, jadeó. Me besó. Lenguas salvajes, manos en mi culo. Mordí su labio. ‘Vamos a tu casa’, susurré. La razón se fue a la mierda. Solo quería su verga dentro.
Llegamos a su piso. Puerta apenas cerrada, me arrancó la blusa. Sus manos ásperas en mis tetas, pellizcando pezones duros. ‘Joder, Carolina, estás empapada’, gruñó olfateando mi cuello. Bajó mis pantalones, dedos en mi coño chorreante. ‘Mira cómo chorreas por mí’. Gemí, arañando su espalda. Le bajé el pantalón: polla gruesa, venosa, goteando precum. ‘Chúpamela’, ordenó. Me arrodillé, tragué hasta la garganta. Su sabor salado, olor a macho. ‘Sí, puta mía, así’. Me folló la boca, bolas en mi barbilla.
Explosión de placer sin frenos
Me tiró en la cama, piernas abiertas. Lamió mi clítoris, lengua rápida, dedos metidos hondo. ‘¡Ah! Rémi, no pares’. Entró de golpe, verga llenándome entera. ‘¡Qué coño tan apretado!’, rugió. Bombeó fuerte, piel contra piel, sudor chorreando. Olía a sexo puro, a deseo crudo. ‘Fóllame más duro’, supliqué. Me volteó a cuatro, nalgadas rojas. Polla embistiendo, coño ardiendo. ‘Me corro’, gritó. Chorros calientes dentro, yo explotando en orgasmos, piernas temblando, jugos por sus muslos.
Caímos exhaustos, cuerpos pegajosos. Su cabeza en mis tetas, respiración agitada. ‘Ha sido… increíble’, murmuró, besando mi piel salada. Yo acariciaba su pelo, recordando cada embestida, el calor de su semen goteándome. Fatiga dulce, coño dolorido pero feliz. ‘Quiero más noches así’, susurré. Su risa vibró en mi pecho. Ese polvo me cambió. Aún siento su olor, su polla palpitando. Pura pasión sin filtros.