Confesión ardiente: Mi siesta salvaje con Djamila y Vince

Era domingo, acababa de cerrar el restaurante después del mediodía. No abro hasta el martes, así que es mi fin de semana. Normalmente, me echo una siesta larguísima toda la tarde, sola, disfrutando el silencio. Pero hoy… uf, rompí la regla. No renuncié a dormir, pero fue una siesta… cochambrosa.

Djamila esperaba a su chico, Vince, en la puerta. Él es alto, como una cabeza más que ella, unos veintitantos, moreno con el pelo rapado, tatuajes por el cuerpo. Se mueve como gato, sigiloso, lento. Mientras cerrábamos, les invité a café en mi casa. Se les iluminaron los ojos, ni se lo pensaron dos veces.

La chispa inicial que enciende el fuego

Llegamos, nos tiramos en los cojines alrededor de la mesita baja. Djamila llevaba la charla, yo medio adormilada, relajada. De repente, tira del tema del sexo. Explica a Vince por qué le gustan las mujeres, pero que él la tiene pillada con su polla. Los miro de reojo, distraída. Se besan, manos por todos lados. No es la primera vez que veo tortolitos, pero cuando los dedos de él se cuelan bajo la falda de ella y Djamila abre las piernas sin pudor… ay, me despierto de golpe.

Me encanta mirar. Sus nudillos suben por los muslos, ella gime bajito. Bocas pegadas, lenguas enredadas. Vince frota su coño por encima de las bragas blancas de encaje. Huele a excitación ya. Djamila se desata, se pone de rodillas en el sofá, le quita la camiseta a él. Luego la suya, libera unas tetas redondas, altas, pezoncitos marrones duros. Baja la falda, quedando en bragas. Los pelos negros asoman. Vince la empuja, boca en la tela húmeda entre sus piernas. La devora, saliva empapando todo. Ella: ‘¡Mmm, cómemelo, cerdo, soy un melocotón jugoso!’.

En mi rincón, siento el calor en los riñones. Desabrocho el vaquero, meto la mano en mi mata de pelo. Vince me pilla, sonrisa pícara. Se fija en mi vientre, mis dedos frenéticos. Se desnuda despacio, quitando pantalones. En slips, la polla marca bulto enorme. Djamila ataca, boca en esa joroba.

Ya no aguanto. Me quito el vaquero del todo, piernas abiertas, tres dedos en el coño chorreante. Él: ‘¡Joder, qué coños peludos me regaláis, putitas!’.

Ella baja los slips, la polla salta tiesa. Djamila la menea, me guiña un ojo y se la mete en la boca, sujetando el pelo para que vea bien. Él se arquea: ‘¡Chúpamela, puta, enséñale a Olivia!’.

Yo, una mano en las tetas bajo la camiseta, la otra revolviendo mi clítoris hinchado, como un caramelo duro entre dedos. ‘¡Muéstrame las tetas, Olivia!’, dice él. Me desnudo todo, pechos pesados libres, los ofrezco. Me meneo viciosa, masturbándome.

‘¡Fóllatela ya, quiero verte entrarla!’.

Él la tumba, abre bragas, tosa negra como la mía. Se guía, roza la vulva brillante. Ella rodillas al pecho, expuesta, guarra. Entra de un empujón, ella suspira hondo. Él la taladra, sacando casi toda la polla cada vez. Sus tetas bailan. Huele a sexo, sudor. Me corro mirándolos unir.

El clímax brutal y el dulce agotamiento

Djamila grita que viene, él no para. Se corre ella, él sale, polla lustrosa.

‘Mi turno, ¿puedo?’. Me abalanzo, la chupo saboreando a Djamila. ‘¡Humm, sabe a ella… me flipa!’. La lamo suave, bolas, vena, glande. Dedo en su culo, él: ‘¡Puta, qué haces!’, pero empuja.

Quiero más. Tiro de Djamila al suelo, 69. Le arranco bragas, lamo coño mieloso, clítoris, ano. Vince se une, mete polla en ella encima de mi cara. Lengua en la unión, le azoto el culo rojo. ‘¡Pégale más!’, grita él.

Guío su polla al culo de ella, húmedo. Entra lento, ella mia: ‘¡Sí, en el culo, Vince!’. Chupo bolas mientras la folla anal. Él ruge que va a correrse. Presiono, él eyacula dentro. Ella se corre en mi boca, yo aprieto muslos en su cara.

Él: ‘¡Dos zorras preciosas!’. Sale, me salpica semen en frente. Nos lamemos el resto, yo su culo con restos. Me meo en su boca, él mira: ‘¡Cochinas! Tú también, Djamila’. Caliente, salada. Me besa probándola.

Ducha: él orina en culos de las dos, nos corremos con el chorro caliente.

Por fin, siesta. Despierto, ellos dormidos abrazados. Él tieso. Le chupo calladita hasta que me llena la boca de porra espesa, sin despertar a ella.

Ahora, el recuerdo quema. Fatiga buena, coño palpitando aún. Qué domingo…

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