Ay, chicas, aún me tiemblan las piernas al recordarlo. Tenía setenta y pico, pero el coño me ardía como a una veinteañera. Olivier, ese palo tieso con sus camisas planchadas y slips kangourou, me tenía harta. En el gîte de la valley, con Hulk y Susi ladrando como locos, explotamos en el banco del pueblo. Le dije que follaba como un robot, sin tocarme el culo ni una vez en días. Él me soltó que mi chochito olía a pis y que sus perros eran máquinas de mierda. Se largó en su coche gris, sin mirar atrás. Yo, libre al fin, respiré hondo.
Marina, la dueña, curvilínea, con esas nalgas gordas que se meneaban al andar, pasó con hierbas frescas. ‘Mejor sola que mal acompañada’, dijo con guiño. Me invitó al chalé esa noche, ‘entre chicas’. Su mirada… uf, me mojó las bragas al instante. Me duché, frotando bien el coño, oliendo a jabón y deseo. Los perros dormían, yo subí al chalé con el corazón latiendo fuerte.
La chispa que enciende el fuego
Entré, olor a madera y vino tinto. Marina, en bata suelta, pelo suelto, piel bronceada. ‘Siéntate, Josefina, relájate’. Charla de tíos inútiles, risas. Su mano roza mi rodilla, sube despacio. ‘¿Sabes? Me volví loca viéndote estirarte como gata’. Mi aliento se acelera, pezones duros. ‘Marina… no sé si…’, balbuceo. Ella se acerca, labios carnosos: ‘Shh, déjate llevar’. Su boca en mi cuello, lengua caliente. La tensión revienta. La beso, salvaje, mordiendo su labio. Manos en sus tetas pesadas, pezones como piedras.
Caemos en el sofá, batas al suelo. Su piel quema, sudor salado. ‘Tu coño huele a miel ahora’, murmura, olfateando mi entrepierna. Separa mis muslos, lengua en mi clítoris hinchado. Gimo, ‘¡Joder, sí!’. Chupa fuerte, dedos dentro, curvados en mi punto G. Me corro chorreando, jugos en su barbilla. ‘Ahora tú’, jadeo. Bajo, su coño peludo, labios gruesos, olor a sexo puro. Lamo devorando, clítoris palpitante. Ella gruñe, ‘¡Más profundo, puta!’. Meto tres dedos, follando su chocho mojado, chapoteo obsceno. Se corre gritando, contrayéndose alrededor de mis dedos.
Explosión de placer sin frenos
No paramos. Tribbing, coños frotándose, clítoris contra clítoris, resbaladizos de fluidos. ‘¡Fóllame el culo!’, pide. Dedos en su ano apretado, mientras chupo sus tetas. Yo encima, sus nalgas en mi cara, 69 feroz. Lenguas en culos y coños, gemidos ahogados. Orgasmo doble, cuerpos temblando, sudor mezclado con corrida.
Al final, exhaustas, abrazadas. Piel pegajosa, coños palpitantes, olor a sexo impregnado. ‘Ha sido… increíble’, susurro, piernas flojas. Ella ríe bajito, ‘Vuelve cuando quieras’. Bajo al gîte, perros durmiendo. Me acuesto, dedo en el coño recordando su lengua. Libre, viva, cachonda para siempre. Mañana, quizás más.