Confesión: Mi culo se rindió a su polla en la naturaleza salvaje

Ay, estoy aquí sentada en una silla, piernas abiertas, mordiéndome el labio. Me pregunto por mis locuras nocturnas… y cada vez más diurnas. Debería estar feliz, satisfecha del todo. Pero ese verso me ronda: el deseo crece cuando el efecto se aleja. Cada uno tiene sus fantasías. La mía, clásica: que me follen el culo. Me obsesionaba desde hace años, ese túnel caliente, oscuro, prohibido. Soñaba con él como mi graal personal.

Mi marido ni lo tocaba, por higiene, por religión, qué sé yo. Así que busqué en revistas, webs, vídeos. Grabé DVDs enteros. Hasta que llegó él, Javier. Cuerpo fuerte, ojos que queman. No diré cómo empezó lo nuestro, puro azar y ganas de saltar la valla. Su piel, sus besos como fuego… Desde la primera noche, me dio lo que ansiaba.

La chispa que encendió el fuego prohibido

Allí estaba yo, tumbada boca arriba, rodillas al pecho, culo en pompa. ‘Venga, métemela por aquí’, le susurré, voz ronca. ‘¿Así? ¿Directo?’, dudó él, temblando. ‘Primero prepáramelo, coño’. Se arrodilló entre mis piernas, lengua en mi ano. Joder, qué cosquilleo. Lamía despacio, saliva caliente resbalando. Gemí bajito, moviendo el culo. Su lengua entraba un poco, sabor acre, excitante. Me abrí más, el esfínter palpitando. Olía a sexo puro, sudor mezclado.

La tensión era brutal. Mi coño chorreaba, pero quería su polla atrás. Respiraba corto, piel ardiendo. ‘Ya… fóllame el culo’, rogué. La razón se fue a la mierda. Solo deseo animal.

Me puse a cuatro patas en la cama, él detrás. Polla dura como hierro, saliva brillando en mi ojete. La rozó, frenesí. ‘Despacio al principio’, jadeé. Empujó, resistí un segundo… y entró. ¡Hostia! Sensación de plenitud, ardor delicioso. Su verga gruesa estirándome, caliente. Empezó a bombear, lento, luego furioso. ‘¡Joder, qué culo tan apretado!’, gruñó. Yo gritaba, uñas en las sábanas. Sudor goteando, culos chocando con palmadas húmedas.

El polvo anal crudo y el clímax explosivo

Cambiamos: yo encima, cabalgándolo de espaldas. Mi culo tragándosela entera, hasta las bolas. Pivoté despacio, polla girando dentro, dolor-placer loco. ‘¡Ay, mierda, qué fuerte!’, chillé. Frente a él ahora, follándome salvaje, su mano en mi clítoris hinchado. ‘¡Córrete en mi culo!’, supliqué. Él aceleró, pistoneando profundo. Olor a sexo intenso, piel pegajosa. Clímax brutal: mi ano ordeñándole la leche, chorros calientes llenándome. Grité, temblando, coño explotando.

Fin de tarde, en la naturaleza cerca de mi casa. Camino pedestre, arbustos altos. Sol cayendo, brisa fresca. Nos besamos fieros, su bulto contra mi culo desnudo bajo la falda. Sin bragas, como siempre. Me mordió el cuello, manos en tetas. ‘Quiero tu culo aquí mismo’, murmuró. Me arrodillé, lengua suya en mi ano otra vez. Lamidas húmedas, yo gimiendo. Luego, él sentado en hierba, yo bajando despacio. Mi culo engulló su polla, fácil ya. Subí y bajé, nalgas rebotando. Pivoté de nuevo, él masturbándome el coño. ‘¡Fóllame más hondo!’, pedí. Eyaculó dentro, semen caliente rebosando.

Caí exhausta sobre él, polla flácida aún en mi culo. Sacó con un ‘pop’, dolorcito. ‘Perdón’, rió. ‘Para compensar, chúpamela’, dijo pícaro. Dudé, polla sucia de semen y mi culo. Pero la metí en boca, sabor fuerte, tabú delicioso. Lamí despacio, él gimiendo. Nuevo subidón.

Ahora, limpiándome en el baño, ano sensible, rojo. Duele un poco, pero qué vicio. La sodomía es adictiva. Con Javier, lo repetimos en todas posiciones: misionero anal, de lado, él clavándome a cuatro patas. Y ese A2M, culo a boca… mi nuevo graal. ¿Perversa? Me da igual, vivo mis deseos al 100%. ¿Qué vendrá después? Mañana será otro día ardiente.

Leave a Comment