Confesión ardiente: La polla negra de Sam que me hizo perder el control

Me llamo Denise, tengo sesenta y nueve años, una pelirroja de 1,60 m, flaca como un palo. Mal casada, sin sexo en treinta años. Pero mi yerno me abrió los ojos al amor de verdad. Ahora, esta confesión es para Sam, ese negro que me volvió loca. Tenía cuarenta y cuatro cuando todo explotó.

Después del trío con mi yerno, Sam me robó el móvil y me mandó un SMS: hora y lugar en el viejo puerto de Marsella. Mis piernas temblaron. ¿Qué coño iba a hacer? Pensé días enteros. Esa polla enorme, negra, me había hecho mojar como nunca. Musculoso, calvo, joyas de oro… Quería más.

La chispa inicial y la tensión que me quema

Le contesté: vale, pero cambiamos hora y sitio. No, solo un trago y ver ropa nueva en su tienda. ‘Ponte falda sin bragas, como con Sébastien’, dijo. Llegué al café en terraza. Él con un amigo, Jacques. Les besé, fruncí el ceño mirando al otro. ‘Se toma una y se pira’, rió Sam.

Me senté pegada a él. Su mano en mi rodilla, sube por la falda suelta. Susurro: ‘Solo para beber’. Sonríe, mete el pie entre mis piernas, tira de mi rodilla. El camarero llega, ve mi coño rasurado al aire. Me pongo roja: ‘Un café solo…’. Sam suelta: ‘Uno o dos negros grandes, ¿vale? Whisky con hielo para los tres’.

Su mano entre mis muslos, dedo en mi coño empapado, otro en el clítoris. Calor sube, estoy colorada. Me besa con lengua, fondo de placer. Baja el escote, pechos casi fuera. Camarero mira mi entrepierna abierta. De repente, mi hija pequeña, diecinueve años, mini falda y escote killer. ‘¿Qué haces aquí, mamá?’. ‘¿Y tú no en clases?’. Se inclina, string a la vista, besa a Sam en la boca. Ve su mano entre mis piernas: ‘Diviértete, mamá, Sam es dulce. Invítalos a mi cumple’. Se va guiñando.

Sam: ‘Tu hija no tiene pelos en la lengua. ¡Las tres de la casa en mi polla!’. Tragamos whisky de un tiro, al magasin. Vendedora negra, guapa, me ofrece probar ropa. Cabina grande, me desnudo. Entra con mini falda y top: ‘Sam lo eligió para ti’. Igual que ella. Levanta su top, tetas grandes: ‘Sin sujetador’. Me roza los pechos, pezones duros al instante. ‘Eres sensible’, dice pícara.

Me visto, mini total, pubis a punto de salir. Sam: ‘Te lo quedas, café en mi oficina’. Subimos. Me pega, manos en tetas, boca en cuello: ‘No te muevas, te deseo desde hace rato’. Su polla dura contra mi culo. La empujo. En el sofá, piernas juntas muestran mi coño. ‘Sébastien y yo raspamos todas’. Café servido. Insiste: ‘Dime qué piensas de mi polla’. ‘Enorme, nunca vi una así… pero no sin mi yerno’. Teléfono suena. Me mira, lame labios, masturba una botella. Mouille como loca, pezones tiesos.

El polvo brutal y el clímax sin frenos

Cuelga, se quita camisa y pantalón: polla erguida, sin calzoncillos. ‘Si estás como yo…’. Se planta ante mí, trémula. ‘Prueba esta polla negra, no como las blancas’. La agarro, masturbo. Boca cerca, la chupo. Gorda, larga, sabor único. Me arranco la ropa, él me pela tetas. ‘A rodillas, chúpamela’. Obedezco, mano en huevos, me toco el clítoris, me corro chupando.

Me pone en el escritorio, condón, me clava en perrito. Empalada, ¡joder qué bueno! Me soba tetas, cacha, bombazos. Nos corremos juntos, piernas temblando, jugos chorreando.

Vendedora entra, Sam: ‘Límpiala’. Se desnuda, lame mis muslos, coño, clítoris. Me corro de nuevo, lengua suave perfecta.

Ella cabalga su polla, grita al correrse. ‘Límpiala tú’. Le chupo, mezcla de jugos. Ella me mete dedos en culo, me abre. Sam detrás, glande en ano, entra despacio. ‘Eres mía, esta polla negra te arruina las blancas’. Me folla el culo, pellizco labios de placer. ‘¡Dale fuerte!’. Golpes, huevos en coño, nos corremos los tres.

Abrazados en sofá, me cuenta cómo mis hijas y yerno lo ruegan. Puerta abre, primo Désiré nos pilla. ‘Muéstrale tus tetas’. Lo hago, él boquiabierto. Bajo, repuesta pero adicta. Hija: ‘Sam es un cabrón, pero su polla… Mi yerno me quitó la virginidad’. Esta noche follaré con mi yerno, oliendo a Sam. Quiero más, sola o con ellos. La polla de Sam me quema el pensamiento.

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