Por fin me animo a contarlo… Aunque pasó hace unos años, lo recuerdo como si fuera ayer. Cada jadeo, cada roce, grabado a fuego en mi piel. Era septiembre, volví al curro y Dany, mi amiga de toda la vida, me llamó. Insistía en que fuera a su casa esa noche. Su madre se había pirado a la costa belga de repente, así que montaba una raclette-party.
—No, ni loca. Sabes cómo acaban estas movidas, llegaré al alba y mañana seré un zombie —le dije.
La chispa que enciende el fuego
—Eres una floja, tía —me soltó ella riendo.
Me picó, claro. No soporto que me digan eso. Al final cedí, pero juré que no me quedaría hasta tarde. Sobre todo por los otros invitados, que no me molaban mucho.
Llegué y Dany me abrió, besito y directo a la cocina. Éramos once. Aperitivo regado, risas, y a la mesa. Dany dijo que esperaba a su hermana Corinne, pero como no llegaba, empezamos. Corinne, doce años menor que yo, acababa de cumplir 18.
De repente, la puerta. ‘¡Ahí está mi hermanita!’, gritó Dany. Entró Corinne… Dios. Nada que ver con la cría que recordaba. Metro setenta, pelo negro liso a hombros, ojos enormes y oscuros. Short ajustado del volley, camiseta roja pegada a un cuerpo de infarto. Tetazas firmes, culo perfecto. Me dejó KO. Besos a todos y se sentó.
Conectamos al instante. Bromas, risas, su sonrisa me derretía. Salimos a fumar varias veces. ‘Dany ya va pedo’, me susurró, y sí, se oía su carcajada loca dentro.
Todos se largaron juntos. Me ofrecí a ayudar a recoger. Dany estaba borracha perdida, así que Corinne y yo nos pusimos. Yo a fregar platos. Dany, cabrona, me salpicaba con agua del fregadero. Corinne se partía. Me vengué tirando un plato sopero… ¡Zas! Dany empapada. Empezó la guerra de agua. Corinne se unió, gritando ‘¡Nooo!’ cuando la mojé. Su camiseta roja transparente, pezones duros asomando. Uff, el calor entre mis piernas.
Cinco minutos y todos calados. Fuera a fumar, Dany se tropieza, se da en la cabeza. Reía como loca, alcohol puro. La metimos en cama a las cuatro de la mañana. Por fin dormida.
Volvimos a la cocina, pegajosos. ‘Oye, Corinne… ¿puedo ducharme antes de irme?’, solté sin pensar.
—Claro, pero estás tan pedo como ella —me miró seria.
—Ven conmigo, por si me caigo como tu hermana. Una ducha me espabilará —reí, mareada por el alcohol.
Silencio eterno. ‘Vale, te acompaño… pero no entro, solo por si acaso. No es para mirarte, eh’. Corazón a mil. La seguí por el pasillo, hipnotizada por su culo meneándose. Dieciocho años y ya letal.
Explosión de placer sin frenos
En el baño, me desnudé torpe. Ella en el váter, mirada a la ventana que reflejaba todo. Roja como un tomate cuando la pillé. Agua caliente… aaaah. Charlamos por el muro.
—Ven, te hace falta —la pinché.
—No…
—Venga, ¿eres tímida?
—Eh… no. Pero Dany…
—Está KO. Al agua, guapa.
‘Vale’. Paré el corazón. Imaginé su cuerpo desnudo. Luz apagada, pero luna iluminando. Silueta acercándose. Piel suave rozando la mía. Tensión insoportable. La razón se fue a la mierda.
La saboneé el espalda, hombros… bajó a sus nalgas firmes. Suspiro corto. Manos suben, agarro tetas. Duros pezones. Se gira, boca abierta, beso salvaje. Lenguas enredadas, coño mojado palpitando. Sus nalgas contra mi monte, frotando.
La giré. ‘No quiero embarazo, no tomo pildora’, jadeó. ‘Tranquila’. Besos al cuello, tetas. Chupé pezones, gemidos. Bajé, lengua en ombligo. A rodillas. ‘Nunca me han lamido’, nerviosa. Sonreí, abrí sus muslos. Besos en ingles, olor a sexo dulce. Lengua en labios hinchados. Tiembla. ‘¡Joder!’. Clitóris duro, lo chupo. Grita, manos en mi pelo. La levanto sobre hombros, contra azulejos. Lengua follando coño virgen. Ritmo frenético, clítoris palpitante. Se corre bramando, jugos calientes en mi boca. Trago todo, extática.
Ella de rodillas. ‘Quiero devolvértelo’. Dedos en mi coño empapado. Lengua torpe en clítoris. Gimo fuerte. Me corro en su boca, piernas temblando.
Agotadas, nos enjuagamos. Abrazadas bajo agua tibia. ‘Increíble… nunca así’, susurró. Risas suaves, pieles calientes pegadas. Fatiga dulce nos invadió. Salimos, secas, nos miramos con picardía. Ese recuerdo quema aún. La razón perdió, pero qué ganas de repetir.