Confesión caliente en urgencias: el obús en el culo que encendió mi fuego

Ay, chicas, aún tiemblo al recordarlo. Fue en las urgencias del CHU de Avignon, hace unos meses. Yo, Annabelle, la chica de la com del primer ministro, enviada para preparar la visita. Blusa blanca, máscara, pero debajo… fuego puro. Llegué y vi al doc Pat Atrak, esa morena con ojos que te desnudan. Cuerpo atlético, sudada por el curro, olor a hospital mezclado con su perfume… hmm, me mojé al instante.

Seguí al equipo, tropezando con locuras. Primero, un tipo con un obús de la Segunda Guerra metido en el culo. Diecisiete centímetros de tungsteno, siete de diámetro, asomando del ano como un cohete. Pat lo lubricaba con vaselina, inyectando jabón líquido… ‘Cuidado, chicas, que no explote’, dijo riendo. Yo mirándola, su aliento corto, guantes resbalando en esa carne abierta. El calor de la sala, el gemido del paciente… mi coño palpitaba. Nuestros ojos se cruzaron, ella sonrió pícara. ‘¿Primera vez viendo algo así?’, murmuró. ‘Sí… pero me excita’, balbuceé, roja.

La chispa inicial y la tensión que me consumía

Luego el OVBI, un Rocco IV eyectado de una catapulta rusa. Treinta y cinco cm vibrando, golpeando la cara de un pobre. Pat lo describía: ‘Modos de vibración, MP3… follón total’. Su voz ronca, manos firmes. Yo cerca, rozando su cadera ‘por accidente’. Su piel caliente bajo la bata, sudor salado. El aire cargado de olor a sexo viejo del paciente. Mi respiración agitada, pezones duros. ‘Necesito aire’, dije. Ella: ‘Ven conmigo’. La tensión… insoportable. En un cuartito de material, cerró la puerta. ‘Sé lo que quieres’, susurró, quitándose la máscara. Sus labios carnosos, aliento a menta y deseo. La razón… puff, voló.

Me empujó contra la pared, besos salvajes, lenguas enredadas. ‘Joder, Pat, te deseo desde que te vi’. Manos por todas partes. Le arranqué la bata, tetas firmes, pezones oscuros duros como piedras. Lamí su cuello, bajando… mordí suave. Ella gimiendo: ‘Sí, cabrona, chúpame’. Le bajé los pantalones, coño depilado, mojado chorreando. Hincada, olía a hembra en celo, salado y dulce. Lamí su clítoris hinchado, lengua girando, dedos dentro apretando. ‘¡Fóllame con la boca!’, gritó ahogada. Dos dedos, tres… la follaba como un pistón, jugos en mi barbilla.

El polvo brutal y el clímax explosivo

Se corrió temblando, chorro caliente en mi cara. ‘Ahora tú’, rugió. Me tumbó en la camilla, piernas abiertas. ‘Mira ese coñito rosa’. Me comió viva, lengua en mi ano, dedos en la polla… no, en mi clítoris frotando furioso. ‘¡Dios, Pat, no pares!’. Entró cuatro dedos, estirándome, bombeando. Orgasmos en cadena, grité como loca. Luego su strapon del cajón: ‘Versión hospitalaria del Rocco’. Grueso, veiny, 20 cm. Me penetró de golpe, ‘¡Aaaah!’, dolor-placer. Follando duro, culos chocando, sudor goteando. ‘¡Más profundo, joder mi útero!’. Cambiamos, yo encima cabalgando, tetas rebotando. Ella pellizcándome el culo: ‘Córrete en mi polla falsa’. Explosión, lechada invisible, cuerpo convulsionando.

Al final, jadeando, cuerpos pegajosos. La abracé, su piel ardiente contra la mía, olor a sexo impregnado. ‘Ha sido… brutal’, susurré. Ella riendo bajito: ‘Vuelve cuando quieras, mi puta favorita’. Nos vestimos temblando, besos suaves. Salí con piernas flojas, coño palpitando aún. El informe al jefe? Olvidado. Solo recuerdo su sabor, el plop del obús, pero sobre todo… esa follada que me marcó. Fatiga feliz, sonrisa tonta. Quiero más.

Leave a Comment