Confesión ardiente: follada prohibida con el hermano de mi amiga en el Mas

Ay, chicas, acabo de volver de ese viaje loco al Mas provenzal, cerca de Perpignan. Mi amiga Melanie me invitó con su amante Josef, pero todo se desmadró con su hermano Albert. Ese hombre… huele a cabra salvaje, a sexo puro. Llegamos cansadas, cargamos las maletas en su viejo cacharro y subimos al Mas, piedras antiguas, glicinas trepando las paredes. Nos da habitaciones en el mismo piso. Yo me tiro en la cama, un armatoste viejo que cruje como si fuera a romperse.

Despierto con hambre, oigo risas en la cocina. Entro y… ¡joder! Albert rojo como un tomate, Melanie arreglándose la falda. Sus ojos me clavan, su verga aún tiesa rozando el pantalón. ‘¿Qué coño pasa aquí?’, pienso, pero el aire suda deseo. Bajo a desayunar, pan crujiente, mantequilla fresca, café humeante. Albert se va al mercado con sus ovejas, ese bouc que apesta a testosterona. Quedamos solos, Melanie y yo con Josef, pero la tensión con ella es densa, pesada.

La chispa que enciende el fuego

‘Explícame’, le digo a Melanie, rascándome la cabeza. ‘Es mi hermano… siempre fuimos cercanos. Desde que Josef me despertó, no me controlo’. Su voz tiembla, ojos bajos. ‘¡Me cago en todo, es asqueroso pero… me pone!’. El silencio quema. Mi coño palpita, imagino su polla gruesa. Josef la arrastra a la habitación para ‘perdonarla’. Yo me quedo, pero oigo gemidos. La curiosidad me mata. Bajo sigilosa… puerta entreabierta. Él la folla como un animal, ella arqueada, gritando. Huelo su sudor, su piel caliente. Mi clítoris late, meto mano en mi braga, empapada.

La razón se va a la mierda. Entro sin pensarlo. ‘Dejadme unirme’, susurro. Melanie jadea, Josef sonríe perverso. Albert llega antes, oliendo a mercado, a animal. Nos pilla, pero en vez de escandalizarse, sus ojos brillan. ‘¿Queréis al bouc?’, ríe gutural. La tensión explota.

El clímax sin frenos y el dulce agotamiento

Me empuja contra la mesa, rasga mi blusa. Sus manos callosas aprietan mis tetas, muerde mis pezones duros. ‘Joder, qué puta eres’, gruñe. Bajo su pantalón, su verga salta, venosa, goteando precum, huele a macho puro. Melanie y Josef miran, cachondos. La chupo, garganta profunda, saliva chorreando. Él gime, ‘¡traga, zorra!’. Me pone a cuatro, lame mi coño, lengua áspera en mi ano. ‘No… sí… ¡fóllame ya!’.

Embronce su polla en mi chocho, embiste brutal, bolas golpeando mi clítoris. Sudor perla su pecho peludo, yo araño su espalda. ‘Más fuerte, cabrón’. Cambia, dedo en mi culo, masajea. Duele dulce, me abro. ‘¡En el culo, métela!’. Lubrica con mi jugo, empuja lento. Arde, llena, ‘¡Aaaah, joder!’. Bombeada salvaje, tetas balanceándose, él pellizca mis pezones. Mano en mi clítoris, frota furioso. Melanie besa mi boca, Josef folla su boca. Gemidos, carne chapoteando, olor a sexo denso. Exploto, coño y culo contrayéndose, chorro caliente. Él ruge, llena mi recto de leche espesa, chorros calientes.

Caemos exhaustos, sudor pegajoso, respiraciones cortas. Mi culo palpita, semen goteando. ‘Dios, qué polla’, susurro. Nos arrastramos al baño, tubo viejo. Agua fría, nos lavamos mutuamente. Sus dedos en mi raja, jadeo suave. ‘Otra vez no, estoy rota’, río. Él besa mi cuello, tierno ahora. Cuerpos flojos, felices. Recuerdo su calor dentro, el control perdido. Albert guiña, ‘Vuelve cuando quieras, puta’. Sonrío, adicta. Fatiga dulce, piel erizada. Mañana más, pero ahora, sueño profundo, soñando con su verga.

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