Este viernes por la noche, con mi Pablo, nos plantamos en casa de Marcos y Cati. Amigos de unas vacaciones locas en España, donde ya nos rozamos más de la cuenta. Hacía dos meses sin vernos, y el teléfono de Cati esa tarde me dejó intrigada. ‘Venid, os tengo una sorpresa y una cena de muerte’, me dijo. Pablo colgó y listo, ducha rápida, y al lío.
Llegamos a su chalet de ensueño, piscina reluciente bajo el calor agobiante. Cati sale pitando, se lanza a mis brazos. ‘¡Guapa, esa falda te marca el culo perfecto!’, le digo, oliendo su perfume dulce mezclado con sudor. Besos, risas. Marcos llega en su deportivo, traje claro, gafas de aviador. Se cambia a bañador y zas, chapuzón. Yo llevo top sin sujetador, shorts que apenas tapan, pezones marcando. Cati, minifalda y blusa transparente, tetas asomando. Pablo y Marcos, ya con bultos visibles.
La chispa que enciende la noche
Cena de lujo, pero todos pensando en la sorpresa. ‘Es un jueguito nuevo’, suelta Marcos con voz grave. Saca dados: uno con nombres, otro con partes -culo, muslos, tetas, orejas, coño, cuello-, y verbos -morder, lamer, besar, tocar, acariciar, chupar-. Regla clave: desnudar la zona, 40 segundos, sin volver a vestir. Firmamos reglas, adrenalina subiendo. ‘¿Y si sale penetrar?’, bromeo. ‘Hoy no, pero quién sabe’, guiña Cati.
Empieza Cati. Tira: Pablo, lamer tetas. Se quita la blusa, yo veo sus pezones rosados endurecerse. Se arrodilla ante él, saca su chemisa. Lengua en el pecho… uf, succiona el pezón, saliva chorreando, Pablo gime bajito, polla hinchándose en el pantalón. ‘¡Joder, qué rico!’, murmura ella, limpiando con la lengua áspera. 40 seg, beso final. Tensión ya eléctrica.
Mi turno. Tiro: Cati, lamer coño. Se baja la minifalda y tanga, coño epilado con flechita pelirroja, ya brillando húmedo. Me arrodillo, huelo su aroma almizclado, caliente. Labios grandes hinchados, clítoris asomando como perla. Lamida suave… ella suspira, ‘ay, sí…’. Titilo el clítoris, lengua plana, jugos salados en mi boca. ‘¡Tiempo!’, grita Pablo, yo jadeando, coño palpitante.
Pablo tira: Cati otra vez, chupar tetas. La pone en sus rodillas, mamas perfectas. Succiona fuerte, ella gime, ‘¡Dios, me corro!’. Se tensa, orgasmo seco, tetas relucientes de saliva. Yo toco mi coño por debajo, insoportable. La razón se resquebraja, aire cargado de olor a sexo, pieles sudadas rozándose.
La explosión de placer sin frenos
La tensión explota. Segundo ronda. Cati tira: yo, chupar culo. Me bajo shorts y tanga, culo al aire. Ella de rodillas, succiona nalgas carnosas, ‘mmh, qué sabor…’. Lengua en el ano fruncido, chupando fuerte, ruido obsceno. Marcos y Pablo durísimos, pollas marcando.
Pablo: Cati, chupar tetas de nuevo. Orgasmo la sacude otra vez, grititos ahogados. Mi turno: Marcos, lamer coño. No, tiro polla -lamer. Él se quita bañador, verga gruesa, venosa, goteando. Me arrodillo, beso glande salado, lo engullo. Subo y bajo, saliva chorreando, muerdo suave. Él empuja, folla mi boca. ‘¡Stop!’, pero eyacula, leche caliente inundándome. Trago, limpio cada gota, ‘cruel dejarlo así’, digo riendo.
Último: Marcos, yo, tocar tetas. Top fuera, 95D al aire. Manos expertas, pellizca pezones duros como piedras, gimo fuerte, coño chorreando. ‘¡Uf, qué tetas!’, murmura. Fin del juego, todos desnudos o casi, cuerpos brillantes de sudor y jugos.
Nos vestimos a medias, besos pegajosos. En el coche, Pablo me dice: ‘Cati me dio dados parecidos: clítoris, culo, doigter…’. Agotados, felices, coños y pollas recordando toques. Esa noche follamos recordándolo, olor a sexo en sábanas. Quemará siempre.