Ay, chicas, no sé por dónde empezar. Romeo me dijo que Alfonso, su amigo del concierto, vendría a dormir. No me cae bien ese tipo, panzón, vulgar, con esa mirada que se come tus tetas y tu culo. Pero bueno, Romeo llega tarde, así que yo lo recibo. Después de regar el jardín, salgo de la ducha con mi bata ligera, piel aún caliente, húmeda. Suena el timbre. Abro pensando en la vecina… y ahí está él, Alfonso, mirándome de arriba abajo. Sus ojos en mis pechos que empujan la tela, mis caderas anchas, piernas. Me pongo roja, incómoda.
Pone la bolsa, cierra la puerta. Le doy la bienvenida, tímida, excuso a Romeo, acerco la mejilla para el beso… pero su boca atrapa la mía. ¡Joder! Me mira fijo, brazo en mi cintura, me aprieta contra su barriga. Su lengua entra lenta, se enreda con la mía. Intento empujar, resistir… pero no quiero escándalo con un amigo de mi churri. Sus ojos brillan de deseo animal, siento su polla dura contra mi vientre. Su lengua me invade, no puedo hablar. Me rindo un poco, finjo aceptar. El beso dura… y, mierda, no me da asco. Empiezo a gustarme. Esa lengua frotándose, su erección palpitando. Yo, fiel hasta ahora, me mojo.
La tensión que me rompió
Dudo, pero cedo. Le paso brazos por el cuello, pego mi vientre al suyo. Sus manos suben mi bata, aprietan mis nalgas firmes, pellizcan. Suben por mi espalda, nuca. Abre la bata, mis tetas al aire, grandes, llenas. Las amasa lento, fuerte, chupa los pezones, los muerde suave. Gimo bajito. Sus dedos bajan al pubis, tocan mi clítoris, lo masajean. Respiro rápido, jadeo. ‘Ahora quieres que te la meta profunda, ¿eh?’, me dice sucio. No respondo, pero mi coño chorrea.
Me empuja al pasillo, baja pantalón y calzoncillos. Su polla, gruesa, tiesa, me entra de golpe contra la cómoda. ‘¡Ohhh!’, grito, sorprendida por el tamaño. Él ríe: ‘Te gusta, puta’. Empujo caderas: ‘Sí, métemela, ¡joder, qué dura!’. Me folla de pie, minutos, comentando: ‘Menuda cochina, te encanta’. Pero incómodo, me lleva a la habitación de invitados, yo sujetando su verga.
El clímax y la sorpresa final
En la cama, de lado, él detrás. Levanta mi pierna, entra en cuclillas. Mi coño lubricado lo traga. Gimo sin parar. ‘¿Te gusta mi polla?’, pregunta. ‘Sí… gorda, dura… fóllame’. Sus embestidas me vuelven loca. Siento una ola enorme, más fuerte que con Romeo. Grito salvaje, corro como nunca. Él eyacula dentro, caliente, profundo.
Agotada, feliz, piel sudada, olor a sexo. Olvido todo. Pero Romeo llega. Oímos pasos. Puerta abierta: nos ve desnudos, su polla aún en mí, manos en mis tetas. Él, atónito. Alfonso saluda casual. Romeo coge su mano, toca mis pechos indirecto. No grita, mira… y se le pone dura.
Alfonso, pillín, me acaricia tetas delante de él: ‘¿Buena, eh? ¿Quieres más?’. Su polla revive en mi coño. Muevo culo, aprieto con músculos. ‘Sí, cabrón… me has hecho gozar como reina’. Romeo se acerca, me besa, baja mano, toca mi clítoris, roza la polla de Alfonso. ‘Cariño… me está follando otra vez… qué buena… acaríciame mientras su polla gruesa me parte’. Alfonso acelera, lento a loco. Grito, él gruñe, corremos juntos. Romeo mira, excitado. Cae el telón en éxtasis, cuerpos pegados, sudor, semen goteando. Qué noche… aún tiemblo recordándolo.