Confesión: La noche que bailé salsa y me follé a dos tíos como una puta en celo

Ay, chicas… aún me tiemblan las piernas al recordarlo. Habíamos cenado fuera, mi marido y yo, y acabamos en ese club de salsa por puro azar. Música latina retumbando, parejas frotándose como locas. Pedimos unos mojitos… dos, tres… y de repente, un tío alto, moreno, con piel bronceada y sonrisa de pecado, me invita a bailar. ‘¿Bailas?’, me dice con voz grave. Miro a mi marido, él asiente: ‘Ve, amor, diviértete’.

Al principio, torpes… mis caderas no seguían el ritmo. Pero a la tercera canción, ¡uf! Nuestros cuerpos se pegan. Sus manos en mis caderas, yo con los brazos en su cuello. El sudor nos une, su aliento caliente en mi oreja. Siento su paquete rozándome el vientre… duro ya. En la última, baja las manos a mi culo, aprieta mis nalgas sobre el tanga. ‘Mmm, qué culazo’, murmura. Yo río, excitada, no me aparto. Vuelvo a la mesa jadeando, mi coño ya empapado. Mi marido tiene una erección evidente. ‘Me ha puesto cachonda’, le susurro, y meto el pie entre sus piernas. Él sube la mano por mi falda: mi tanga chorreando. ‘Estás que explotas’, dice.

La chispa que encendió el fuego

Otro trago, charlamos… y él nos invita a su piso, cerquita. ‘Vamos, unos chupitos más’. Llegamos, pone reggaetón. ‘Baila otra vez’, pide mi marido. Nos pegamos de inmediato. Sus manos bajan directo a mi culo, me aplasta contra su polla tiesa. Yo me froto, gimo bajito. La música se pone lenta… slow. Me abraza por la nuca, su verga contra mi pubis. Miro a mi marido por encima de su hombro: ojos en llamas. Él se levanta, se pone detrás. Ahora dos cuerpos me aprietan. Su polla en mi culo, la de mi marido en mi coño por delante. Manosea mis tetas, pezones duros como piedras bajo el vestido. Y entonces… nos besamos. Lenguas enredadas, saliva caliente. La razón se va a la mierda.

Al sofá. Yo en medio. Él me besa, mete mano bajo la falda, aprieta tetas. Mi marido arranca mi tanga empapado, hunde la lengua en mi coño. ‘¡Joder, qué sabroso!’, gruñe. Sabe a miel caliente, mi clítoris hinchado. Yo meto mano en su pantalón: ¡madre mía, qué pollón! Grueso, largo, glande brillante de precum. La saco, me la meto en la boca. ‘¡Sí, chúpamela!’, gime él. La chupo profunda, lamo huevos salados, huelo a macho. Mi marido mete dedos en mi coño ardiendo: dos, tres. Gimo con la boca llena. Me corro primero, temblando.

El polvo brutal sin límites

Desnuda ya. Mi marido me pone a cuatro, me clava la polla de un empujón. ‘¡Ahhh!’, grito. Sigo mamando al otro, que se corre en mi boca: chorros espesos, salados. Lo trago todo, lambo glande. Mi marido me folla fuerte, se vacía dentro. Cambio: el moreno me empotra su pollón en el coño. ‘¡Duele… pero joder, qué rico!’. Me revienta, yo grito. Mamando a mi marido, él pide: ‘Córrete en mi cara’. Le lleno de leche caliente, la unto con la polla. Me corro otra vez, aullando.

Descanso… risas, picoteo. Vuelvo del baño y los pillo: él con dedos en mi coño, yo con su pollón tieso. Mi marido se une, nos toca. Él unta vaselina en mi culo, mete un dedo… luego dos. ‘¿Te gusta?’, pregunta. ‘Sí… métemela’, jadeo. Me pongo encima de mi marido, empalada en su polla. Él detrás, apunta al culo. Siento su glande abriéndome… duele poquito, pero entra. ¡Doble penetración! Pollas frotándose dentro, separadas por una membrana fina. Ritmo lento… acelera. ‘¡Folladme más fuerte!’, grito. Suspiros, gemidos… orgasmo brutal, ellos se corren: uno en coño, otro en culo. Chorreo por todos lados.

Agotados, nos vestimos. Amanecía. Caminamos a casa abrazados. Cansados, pero… joder, qué felicidad. Aún huelo a sexo, siento el culo dolorido. La mejor noche de mi vida.

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