Era un sábado de primavera en el norte de Francia, sobre las 16:30. Mi marido y yo salimos hacia ese château enorme, con el corazón latiendo fuerte. Me había puesto esa falda sexy que elegimos juntos, medias negras, tacones altos. Maquillaje suave, pero sabiendo lo que iba a pasar… Mi piel ardía ya de anticipación. En el coche, su mano sube por mi muslo, roza mi tanga. ‘¡Para, amor, que conduzcas!’, le digo riendo, pero gimo bajito cuando toca mi clítoris por encima de la tela. Él insiste, mete la mano en mi sujetador, masajea mi teta derecha. La burbuja crece, el deseo me moja entera.
Llegamos al château, suite ‘de los garzas’ bajo el tejado. Me venda los ojos con una cinta gruesa. ‘Confía en mí, cariño’, susurra. Me guía a una habitación con música suave y olor a flores. Me desnuda lento, besa mis tetas, mis nalgas. Sus dedos abren mi coño depilado, rozan mi ano. Me tumba boca abajo en la camilla, servilleta en las nalgas. Se va un momento… Vuelve con aceite tibio. Masajea mi cuello, hombros, espalda. Suspiro, me relajo. De pronto, otras manos en mis piernas. ¡TiemBlo! ‘Todo bien, mi amor, disfruta’, me dice al oído. Cuatro manos ahora, simétricas, subiendo por muslos, rozando nalgas. El calor sube, mi coño palpita. No aguanto más, la razón se va al carajo.
La chispa que enciende el fuego
Me giro, tetas al aire, pezones duros. Manos en mi vientre, hombros, tetas. Las aprietan, chupan. Dos bocas en mis pezones, lenguas en areolas. Gimo fuerte, ‘¡Sí, así…!’. Una lengua en mi boca, húmeda, profunda. No sé quién es quién. Manos en caderas, una baja a mi coño. Dedos en labios hinchados, clítoris palpitante. ‘Mmm, estás empapada’, murmura uno. Lengua en mi pubis, besa mi clítoris, lame mi coño. Sabor mío en su boca. Dos dedos dentro, follándome lento. Me corro gritando, ‘¡Ouuuuiii, no pares!’. TiemBlo, jadeo. Nos besamos todos, pieles calientes, sudadas.
Explosión de placer sin frenos
Me pongo de rodillas, les bajo pantalones. Dos pollas duras, venosas. Cojo una en cada mano, lamo huevos de él, chupo la otra. ‘Joder, qué puta deliciosa’, dice mi marido. Alterno, saliva chorreando, ojos en los suyos. Nos sentamos, yo abierta en el sofá. Cuatro dedos en mi coño, contrayéndose. Me subo encima de Raphaël –así se llama el otro–, su polla entra en mi coño chorreante. Mi marido en mi boca, follando garganta. Cambio, mi marido me penetra duro, mano en clítoris. ‘¡Me corro otra vez!’, grito. Él eyacula dentro, caliente.
Champán fresco, peignoirs. Risas, caricias. ‘Ha sido brutal, amor’, le digo. Ducha italiana, tres cuerpos resbaladizos. Manos jabonosas en mi coño, ano. De nuevo en cama, desnudos. Yo cabalgo a mi marido, Raphaël detrás, dedos en mi culo. Dos pollas me follan, tetas apretadas. Fessées en nalgas, ‘¡Más fuerte!’. Posiciones locas, sudor, gemidos. Eyaculaciones en mi pecho, coño lleno. Agotados, abrazados. Recuerdo su aliento corto, olor a sexo, piel pegajosa. Fatiga feliz, sonrisa tonta. Esa noche nos cambió para siempre.