Ay, chicas, no os imagináis lo que pasó esa mañana después de la locura en la cabaña. Jérôme apareció en mi puerta, ojeroso pero con esa mirada que me ponía cardíaca. Abrí en mi camiseta vieja de Metallica, sin sujetador, y vi cómo sus ojos se clavaban en mis tetas. Los pezones duros marcaban el tejido fino. ‘Entra de una vez’, le dije, sintiendo ya el calor entre las piernas.
Nos sentamos en la cocina, café humeante llenando el aire. Hablamos de Mélanie, del demonio, pero… joder, mi coño palpitaba. Él no paraba de mirarme las tetas, y yo notaba su paquete endureciéndose. ‘Pauline, no aguanto más’, murmuró, voz ronca. Me acerqué, nuestros labios rozándose. El primer beso fue tímido, pero el segundo… uf, lenguas enredadas, saliva caliente, manos por todas partes.
La chispa que enciende el infierno del deseo
Sus dedos subieron por mi tripa, bajo la camiseta, y agarraron mis tetas pesadas. ‘Dios, qué grandes y firmes’, jadeó. Las amasó, pellizcó los pezones hasta que gemí. Yo bajé la mano a su pantalón, palpé esa polla tiesa, gruesa. ‘Quiero chupártela’, susurré. La tensión era insoportable, el aire espeso de deseo. La razón se fue a la mierda cuando me arrancó la camiseta y enterró la cara entre mis collinas. Lamidas húmedas, mordiscos suaves, su aliento caliente en mi piel.
Lo arrastré a la cama. Puse Child in Time de Deep Purple, el vinilo crujiendo. Me arrodillé, bajé su bóxer y ¡joder! Esa verga venosa, goteando precum. La lamí despacio, lengua por el tronco, bolas peludas oliendo a macho. ‘Mmm, qué rica’, gemí, metiéndomela hasta la garganta. Él gruñía, manos en mi pelo, follando mi boca al ritmo de la música. Saliva chorreando, arcadas deliciosas.
Me tumbó, besó mi triángulo de vello púbico. ‘Tu coño huele a sexo puro’, dijo, lengua hurgando mis labios hinchados. Me abrió, lamió el clítoris, chupó mi jugo dulce. Dos dedos dentro, curvados en mi punto G, bombeando. ‘¡Ay, sí, no pares!’, chillé, caderas alzadas, cuernos apretándole la cabeza. Me corrí como loca, chorros mojando su barbilla, cuerpo temblando.
El clímax crudo: polla, coño y corridas sin filtro
No esperó. Me puso a cuatro patas, polla rozando mi raja empapada. ‘Te voy a follar hasta que grites’, rugió. Entró de un empujón, llenándome entera. Paredes de mi coño apretándolo, resbaladizo de mis fluidos. Golpes brutales, huevos chocando mi culo, sudor goteando. ‘Más fuerte, joder, rómpeme’, supliqué. Me agarró las tetas colgantes, pellizcando pezones mientras me taladraba. Cambiamos: yo encima, cabalgando, tetas botando, su polla desapareciendo en mi coño rasurado.
‘Voy a correrme’, avisó. ‘Dentro, lléname’, ordené. Se corrió a chorros, semen caliente inundando mi útero. Yo exploté otra vez, uñas en su pecho, gritando su nombre. Caímos exhaustos, pegados por sudor y fluidos. Su polla aún dentro, palpitando.
Ahora, recordándolo, mi coño se moja de nuevo. Ese olor a sexo, piel ardiente, gemidos roncos… Fatiga feliz, abrazados. Ojalá vuelva esa pasión demoníaca. Fue puro fuego.