Confesión ardiente: Mi polvo salvaje con el banquero en su despacho

Era un sábado de verano, el sol entraba tímido por la ventana. Me desperté sola en la cama enorme, mi marido había salido temprano por curro. Me estiré, la piel caliente, y me quité la camisola. Mis manos bajaron a mis tetas, las amasé despacio, pellizcando los pezones que se pusieron duros al instante. Uff, qué ganas… Deslicé la mano bajo las sábanas, mis dedos rozaron el vello negro de mi coño. Estaba ya húmeda, jugosa. Abrí las labios, el clítoris hinchado me pedía caricias. Lo froté suave, círculos lentos, el placer subiendo como una ola.

Pero necesitaba más. Busqué su erección matutina… nada. Suspiré, frustrada. Agarré el vibrador de la mesita, lo encendí. Echando la manta con el pie, me puse a cuatro patas, metiéndomelo hasta el fondo en mi coño chorreante. Uhm… mis caderas ondulaban, el zumbido me volvía loca. Gemí bajito, la cabeza echada atrás, hasta que exploté en un orgasme que me dejó temblando, jadeante, el olor a sexo impregnando la habitación.

La chispa que encendió el fuego

Me duché rápido, me puse un jersey ligero, falda y lencería blanca con ligueros. En el bolso, rumbo al centro comercial. Compré vestidos, un traje, pero lo mejor: un bustier marfil con cordones delante y un tanga transparente. En el probador, me excitaba de nuevo ajustándome los sujetadores, mis tetas rebosando, pezones traicioneros asomando. El espejo multiplicaba mi imagen, el rideau entreabierto… qué morbo.

El polvo brutal sin frenos

Llegué a la banco con bolsas. Mi asesor, Picallón, alto, ojos verdes, sonrisa pícara. ‘Perdón por el retraso’, dijo. Yo saqué mis compras, probándome un sujetador delante de él sin darme cuenta. ‘Vaya, ¿has arrasado las tiendas?’, rio coqueteando. Le seguí el rollo: ‘Podrías hacer un desfile con nosotras de modelos en lencería’. Él: ‘Paridad, yo también en calzoncillos’. La tensión crecía, crucé las piernas mostrando el liga. Hablaba de inversiones, pero sus ojos en mis piernas, mi tanga asomando en las bolsas. Vi su paquete hinchado… uf, insoportable. ‘Si las acciones bajan, las tuyas suben’, le pinché. Me acerqué, toqué su polla dura bajo el pantalón. ‘Quítate la ropa, a cambio yo te hago un desfile’. Bajó persianas, música sensual. Me escondí tras el panel con mis bolsas.

Me desnudé despacio, piel erizada, corazón latiendo fuerte. Me puse el bustier, agrafas en la espalda, tanga ceñido. Salí desfialando al ritmo de Joe Cocker, quitándome el traje, quedando en lencería y tacones. Él, en boxers, verga tiesa. Nos miramos, fuego en los ojos. Me abrazó, beso hambriento, lenguas enredadas.

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