Dios, aún tiemblo al recordarlo. Estoy en el Gaïa, este cilindro girando en el vacío, con su gravedad falsa que nos mantiene en pie. Soy Blanche, 20 años, artista soñadora. Daniel es mi pareja asignada por el puto ordenador genético, pero mi piel arde por Carla. Ella, con su melena rubia, curvas perfectas, ojos que me desnudan. Aaron, su hombre, mi hermano. Todo un lío en este barco de locos.
Esa noche en mi cabina, pequeña como un ataúd, con el techo mostrando estrellas falsas. Carla entró, oliendo a jazmín del jardín botánico. ‘Blanche, no aguanto más’, murmuró, voz ronca. Me miró fijo, mordiéndose el labio. Yo estaba sentada en la cama, corazón latiendo fuerte. ‘Daniel me espera en el reactor, Aaron también… pero joder, te necesito’. Su mano rozó mi muslo, calor subiendo como lava.
La chispa que incendió todo
Nos quedamos calladas, respirando pesado. El aire denso, olor a sudor y deseo. ‘Somos putas egoístas’, dije riendo nerviosa. Ella se acercó, pechos rozando los míos. ‘Cállate y bésame’. Nuestros labios chocaron, húmedos, urgentes. Lenguas enredadas, saliva mezclada. Manos por todas partes. Le arranqué la camiseta, tetas firmes saltando libres. Pezones duros como piedras. Los chupé, mordí suave, ella gimió: ‘¡Sí, joder, más!’. Mi coño palpitaba, empapado.
La tensión era insoportable. ‘No deberíamos…’, susurré, pero mis dedos ya en su pantalón, bajándolo. Bragas negras, mojadas. ‘Mírate, Carla, chorreas por mí’. Ella jadeaba, ‘Tócame, por favor’. La razón se fue a la mierda. La tiré en la cama, piernas abiertas. Olor a sexo puro, musky, adictivo. Su coño depilado, labios hinchados, clítoris asomando rosado.
Le comí el coño como una loba. Lengua plana lamiendo lento, saboreando jugos salados. ‘¡Oh Dios, Blanche, no pares!’. Metí dos dedos, curvados, buscando su punto G. Follando adentro y afuera, rápido. Ella arqueaba la espalda, uñas en mi pelo, gritando. ‘¡Me vengo, coño!’. Chorros calientes en mi boca, temblando entera.
La follada brutal y el éxtasis
Cambié turno. ‘Ahora tú, puta’. Me tumbó, piernas en alto. Me abrió como un libro, lengua en mi clítoris, chupando fuerte. ‘Estás tan mojada, amor’. Dedos en mi culo, otro en coño. Bombeaba duro, yo follada como nunca. ‘¡Más profundo, joder!’. Sudor pegajoso, pieles chocando. Gemí alto, orgasmo rompiéndome, piernas temblando. La follé con mi mano entera, puño lento, ella aullando: ‘¡Me rompes, sí!’.
Nos frotamos coños, clítoris contra clítoris, resbalosas. Ritmo feroz, tetas rebotando. ‘Te amo, Carla, fóllame eterna’. Explosión doble, gritos ahogados, jugos mezclados. Colapsamos, cuerpos pegados, aliento corto.
Después, abrazadas, pieles calientes y pegajosas. ‘Esto fue… increíble’, dije, besando su cuello salado. Ella rió suave, ‘Nuestro secreto en este infierno flotante’. Fatiga dulce, músculos laxos, coños sensibles latiendo. Recordamos cada lamida, cada embestida. Mañana, Daniel y Aaron, pero ahora, solo nosotras. El Gaïa gira, estrellas falsas arriba, pero mi mundo es su calor. Quemaría todo por repetir.